Reportaje | Los peregrinos intuyen por donde seguir la ruta En el tramo compostelano, las flechas amarillas marcan la Ruta, no hay datos sobre los kilómetros que restan y la maleza se come el sendero
03 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LLEGADA AL MONTE DO GOZO. Varias flechas amarillas indican el acceso a la puerta entreabierta del albergue FEÍSMO. Hórreo de ladrillo junto a la toxeira anunciada como área de descanso SEÑALES. Los mojones y otras señales están semiocultas o cubiertas de pintadas SEÑALIZACIÓN CASERA. En la rotonda de Lavacolla, la señal del suelo no coincide con la distancia del mojón ?os últimos quince kilómetros del Camino de Santiago necesitan de una inversión urgente para adecuar la realidad a las razones por las que esta ruta recibió no hace mucho el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Los peregrinos -ayer en menos de una hora pasaron una docena- realizan los últimos kilómetros antes de llegar a Santiago casi a ciegas. En la rotonda de Lavacolla, un improvisado monigote hecho en el asfalto indica que faltan 15,149 kilómetros para llegar a Santiago. Sin embargo, en el mojón se marcan 12 kilómetros. Desde este punto no habrá más indicaciones de distancia hasta llegar a un mojón, oculto por la maleza junto a unas casas, en el que aún hay una placa kilométrica que indica 7,800 kilómetros. Pero si es imposible calcular distancias tampoco resulta fácil acertar con la ruta correcta. La intuición permite que los peregrinos descubran que el Camino sigue bajo la autovía. Antes del paso se llega a un cruce: ¿Derecha o izquierda? En la entrada del subterráneo hay una flecha que invita a cruzar. Son muchos los que se equivocan y se cruzan la autovía. Tras el paso, un sendero con pequeños árboles a ambos lados hace pensar al caminante que la cordura ha llegado al Camino. Sin embargo, cabe preguntarse qué sendero quedará tras los árboles. La mayoría de las señales del Camino, mojones y carteles del Pelegrín, están decoradas por grafitos. Las flechas amarillas, que en muchos casos son la única indicación de la ruta, están pintadas en el asfalto, en los árboles o en los muros de las casas. La maleza es otra nota dominante en el Camino. Poco después de la rotonda de Lavacolla, una estructura de hierro supuestamente diseñada para acoger una planta enredadera sirve de soporte a las ramas de los toxos que adornan el entorno y que casi ocultan el mojón y el cartel de un caminante en dirección contraria a la flecha. La maleza llena también algo que, algún día, fue un área de descanso cercana la capilla de San Roque. Próximo, un hórreo de ladrillo permite familiarizarse con la arquitectura popular gallega. A pocos metros del albergue del Monte do Gozo, un sendero lleno de piedras marca el Camino. Casi al final, un cartel cubierto de pintadas invita a entrar por un portalón entreabierto al albergue.