Los argentinos Acromics triunfan en Praterías, en un festival de payasos que asombra a vecinos y turistas
05 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.santiago | Tras un primer día de lluvia, el clima pareció ver que a Santiago le vendrían bien unos días de risa y permitió que la ciudad del Apóstol se convirtiese en un circo de piedra. Bajo las majestuosas carpas del Obradoiro, Praterías o el Toural, al final del día de hoy, Compostela habrá acogido más de cien actuaciones y espectáculos payasos. Las carcajadas y buenos momentos son más difíciles de contabilizar, pero si convirtiésemos la Berenguela en un «risómetro», desde el lunes hasta hoy habría alcanzado cotas máximas.
Los argentinos Acromics son los responsables de más de un ohhhhh y alguna sonora carcajada que resonaron en Praterías. Acrobacias y piruetas varias son la base del espectáculo de Santiago Ábalos, Juan Pablo Messina, Carlos Malleret y María Pordesio, cuatro argentinos que por separado cuentan ya con una larga experiencia a sus espaldas, aunque como grupo tan sólo llevan un mes. María suspendida a unos tres metros del suelo o Juan Pablo dando vueltas en una maxirueda a la que se adaptaba cual hombre de Vitruvio fue lo que más aplausos atrajo, si bien los espectadores disfrutaron durante toda su actuación.
El veredicto del público
No eran conscientes ellos mientras actuaban de los murmullos del público. Mientras observaban con atención a los Acromics, Geneviève y Agnès, de Toulouse, comentaban estar «asombradas de ver un espectáculo como el Festiclown en una ciudad tan pequeña como Santiago». Juan y Eva, de Madrid, también disfrutaron mucho con los argentinos y admitieron que «este tipo de iniciativas son muy importantes. Ir por la calle absorto en tus problemas y encontrarte con una de estas actuaciones ya basta para alegrarte el día».
Oír esto alegraría a los cuatro artistas porque, como explica Santiago, «trabajamos contra la descomunicación social. La gente se sorprende de ver la sencillez con la que le hablamos a nuestro público y, sobre todo, del gran efecto que surte en ellos». Carlos, Juan Pablo y María están de acuerdo y añaden que la finalidad de su trabajo no es otra que «volver a lo simple, a las raíces del ser humano, sacar al niño que todos llevamos dentro».
Como un niño disfrutó Moncho Torres cuando el grupo lo sacó como voluntario para hacerlo partícipe del espectáculo. Moncho, valenciano, había venido aquí para hacer los cursos, aunque finalmente no pudo ser. De su experiencia durante toda la semana quiso destacar la impresión que le había causado el Festiclown, porque «en Valencia también se hacen cosas por el estilo, pero no hay iniciativas tan fuertes». Al igual que Moncho, seguro que tras la buena experiencia, más de uno, artista o espectador, estará ya deseando repetir.