«No hay más nóminas, señores»

X.M. Cambeiro

SANTIAGO

Conde Roa y Bugallo se reunieron por primera vez desde las elecciones para tratar las dedicaciones exclusivas del PP tras lograr el primero escaño en el Congreso

08 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Gerardo Conde Roa mantuvo su primera reunión mano a mano con el alcalde, en el despacho del regidor, desde la celebración de las elecciones municipales. El encuentro fue corto, pero inusual con la ruptura política de escenario de fondo. Conde se puso «a disposición del alcalde» como diputado compostelano en Madrid y, además, le pidió a Bugallo que no despojase al PP de la dedicación exclusiva que venía ostentando Conde como portavoz en Raxoi, y que tiene que dejar al recibir el sueldo de congresista.

El alcalde respondió con una negativa rotunda a la petición de su interlocutor. El PP pasará de tener tres dedicaciones exclusivas a disfrutar de dos: las de Amelia González y Ángel Espadas. Ni una más. ¿Por qué ese no rotundo? Pues porque Bugallo aún conserva el escozor que le produjo ver al PP con tres exclusivas sin él saberlo. La historia no es conocida, pero en ella hubo un avispado y un despistado. Y un viaje del alcalde como fondo. Es decir, un escenario similar a aquel en que, estando Bugallo en Cuzco, el equipo de gobierno le cambió la fecha festiva de San Roque por la del martes de Carnaval. Pocas veces, como en esta, vieron al regidor arrojar llamas por los ojos.

Cuando entró en la corporación Dositeo Rodríguez, el PP reclamó para su grupo tres dedicaciones exclusivas. Solo eran dables dos, incluido el portavoz. Así se le dijo a María Jesús Sainz y así se le dijo a Dositeo. El alcalde estaba de vacaciones en Tenerife y su lugar lo ocupaba Luis Toxo. El regidor en funciones firmó decenas de decretos, y a menudo distinguir algo anómalo es complicado. Uno de los papeles rubricados rezaba dos exclusivas para sendos concejales del grupo popular, y una más para el portavoz. Toxo firmó el papel. Los ediles del PP lo leyeron y salieron silbando de Raxoi.

Cuando Bugallo retornó a su silla y ojeó la resolución, Toxo vio espantado como mudaban las tonalidades en el rostro del alcalde titular. En realidad, la bronca fue coral de todo el grupo. Sus socios de gobierno no le fueron a la zaga. El cabreo de Néstor Rego cayó sobre Luis Toxo como un sumo japonés. Entretanto, Dositeo Rodríguez repartía amables saludos al cruzarse. Los ediles socialistas y nacionalistas estudiaron el asunto, y la única decisión que se logró tomar fue modificar el presupuesto y engrosar la partida de gastos de la corporación. Jesús Pampín, Xaquín Cebeiro y Dositeo Rodríguez pasaron a la nómina municipal.

Al llegar Conde Roa se planteó el retorno a la situación primitiva: únicamente dos concejales podrían disfrutar de dedicación exclusiva. Si fuese otro edil, aun podría pasar, pero al tratarse de Gerardo Conde lo más sabio para el grupo de gobierno fue mantener las tres exclusivas. El portavoz popular bramaría «represalia» y poco creerían el desmentido del gobierno local.

Pero ahora, al reclamar Conde Roa el puesto remunerado para un compañero, el alcalde adujo que la credencial de portavoz no colgaba de esa solicitud. Y no admitió siquiera soluciones intermedias.