El Obradoiro se mantiene a flote en la ACB

SANTIAGO

Tras ocho derrotas consecutivas, el conjunto santiagués doblegó al Lagun Aro en un partido trascendental que alimenta sus esperanzas

16 mar 2010 . Actualizado a las 00:27 h.

De haber perdido, el Obradoiro se hubiese quedado con la popa sumergida en las batidas aguas de la ACB. Pero logró una sufrida victoria, frente a un rival directo al que le ha ganado los dos encuentros este curso. Con ese resultado, se mantiene a flote, en medio de la tormenta pero navegando. Sigue dependiendo de sí mismo.

Fue un triunfo muy meritorio, como todos los de esta temporada, dadas las circunstancias. Porque el banquillo santiagués y las inmediaciones casi parecían un hospital de campaña, con Manzano y Djedovic inscritos en el acta pese a no estar en condiciones de jugar, y con Stanic a pocos metros, flanqueado por dos muletas y con el pie izquierdo escayolado. Y con el recién incorporado Maurice Bailey todavía algo despistado, sin tiempo para cogerle el hilo al equipo. Durante la semana, los cinco para cinco en los entrenamientos no fueron posibles.

Equipos ciclotímicos

Fue un partido entre dos equipos ciclotímicos, tan capaces de firmar un arreón como de frenar en seco. En esa montaña rusa, el Obradoiro, sostenido por una afición inconmensurable, consiguió controlar algo mejor sus emociones, sobre todo en los momentos más determinantes del segundo tiempo.

El conjunto local, a diferencia del donostiarra, siempre encontró a algún jugador acertado a la hora de desatascar el juego. En el primer cuarto brillaron Pasalic y un Vasileiadis infalible; en el segundo aparecieron un par de triples muy gratificantes de Alfonso Sánchez y Bulfoni, en la recta final; en el tercero repitieron los mismos protagonistas, con mención especial para un lanzamiento de Bulfoni desde ocho metros de esos que solo llevan el sello de la gloria o el de la locura en el suspense de su trayectoria; y en el último acto, cuando peor lo pasaba el equipo, Massey tiró del carro. Hasta ese momento, el americano con pasaporte macedonio había rayado la desesperación. Tenía una valoración negativa de cinco. Y acabó con más seis. En los últimos diez minutos aportó diez puntos, incluidos cuatro tiros libres de cinco ensayos (llevaba uno de cuatro).

El encuentro empezó con los dos rivales más volcados arriba que en la retaguardia. Segura optó por alternar la defensa individual y una zona con muchas ayudas. Y el Lagun Aro supo leer bien esa tesitura, moviendo el balón con paciencia dentro de la pintura y sacándolo en busca de los francotiradores. Uriz, muy solo, arrancó con un par de triples intimidatorios.

Pero el Obradoiro no se descompuso, fue apretando cada vez más las tuercas atrás y encontró mucha fluidez arriba, con Pasalic haciendo daño cerca del aro y con Kostas Vasileiadis inspirado. Todo lo que lanzó acabó en la red: 13 puntos en el primer cuarto y 18 de valoración.

Contraste en los banquillos

Fueron diez minutos sin apenas rotaciones en el conjunto local, mientras que enfrente Laso ya había puesto en marcha el carrusel de cambios. Con la entrada de Doblas por Miralles su equipo ganó consistencia.

En el segundo cuarto el protagonismo recayó en los árbitros. Con anterioridad, pitaron antideportiva de Massey en un intentó de tapón en el que se llevó por delante a Doblas. Pero después no hicieron lo propio en una acción en la que Bailey se fue al suelo. Pitaron pie en un balón cortado por Alfonso Sánchez y no en uno de Panko. Y dejaron seguir el juego en una finta de Massey, en la que se vio desequilibrado por Doblas.

El Obra encaró la segunda parte con cuatro puntos de ventaja. Pero salió un tanto atribulado a la cancha y en poco más de dos minutos el Lagun Aro ya tenía una renta de tres puntos, con su baloncesto siempre discontinuo y difícil de descifrar.

Casta y corazón

Fue entonces cuando apareció la versión de más casta de Alfonso Sánchez, que cogió las riendas y contagió su entusiasmo al colectivo. Tras el 52-51 el partido se volvió loco. Los dos equipos se empeñaban en tirar por la borda los ataques. Y en ese Maremagnum el Obradoiro consiguió reponerse. Una acción de dos y tiro adicional de Alfonso Sánchez, siete puntos de Bulfoni y cuatro de Bailey dejaron el electrónico en 68-58 a falta de diez minutos.

De nuevo el Obradoiro salió encorsetado, especialmente espeso y sin ideas en ataque. El Lagun Aro se acercó a tres puntos, pero primero Massey y después Vasileiadis, listo para optimizar los tiros libres en cuanto el rival entró en bonus, capitanearon un triunfo que puede valer su peso en oro.