Dice que nunca notó el machismo y que Xerardo Estévez «fue un lujo»
08 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Tras 39 años en la brecha, Concha Canedo acaba de dejar la gestión del mercado de ganado de Amio. Ahora vive un momento dulce, feliz, sin agobios. Una felicidad que ya irradiaba en su niñez en su natal Santa Cruz de Rivadulla, sobre todo en la época estival. Recuerda de su primer contacto con Santiago la inmensidad de la Catedral y el altar mayor de la basílica, adonde la trajeron sus padres para una ceremonia familiar. Quedó impactada.
La adolescencia la pilló en las aulas del Rosalía de Castro. Ella misma reconoce que no fue una alumna aplicada, ni traviesa. Pero selló una etapa «bonita». El instituto la dejó a las puertas de las oficinas del Ministerio de Información y Turismo en un barracón del Burgo das Nacións, solo visible en las fotos. Transitó por unas dependencias municipales y arribó al mercado de ganados, con Juan Armada de gestor. Un buen tipo. Concha asiente.
Aquel mercado era muy diferente al actual. La entrada en la UE hincó la legislación europea en Salgueiriños y transformó los usos comerciales y el trato al animal, más «humanizado». El cambio «fue impresionante», dice Concha, que acabaría asiendo las riendas de ese mercado. Un reto para ella: «En ningún momento me asusté, sino que me preocupé por hacer las cosas que había que hacer».
Su entrada constituyó un hito, aún hoy sin desbancar. Fue la primera mujer que asumió la gerencia de un mercado de ganados en España y a día de hoy no tiene conocimiento de que ninguna otra fémina lo haya hecho. Eso le concedió una ventaja: «Recibía el afecto y cariño de los otros colegas». Además «todos eran chavales de 50 años, más jóvenes que yo, y apelaban a mi experiencia y control. A menudo en las dudas salía lo de Conchita seguro que lo sabe. Eso me gustaba, lo confieso».
Nada de machismo
Aunque vivió en medio de hombres, siempre fue tratada como una profesional: «Nunca sentí la presión machista sobre mí». Y es que, aunque se siente una persona sensible y dulce y a veces se fue «llorando a casa», es también «una mujer de carácter». Y más le valía, porque una «coitadiña» no es para estas lides. A veces se encontró con operadores defendiendo intereses encontrados o contrarios a la norma y ahí le tocó poner orden.
Más de una vez vio ladearse el mercado hacia Silleda y alzar el pañuelo de despedida. Polémico destino: «Yo no creo que sea la idea más acertada». Ocurre que el mercado de Santiago «tiene un potencial comercial inigualable. No hay otro con la fuerza del recinto de Santiago». Y, claro, hay una máxima que Concha defiende a pie juntillas: «Si algo funciona no lo toques. Mira por los demás ámbitos y préstale atención a lo que no funciona». Es aplicar el más común de los sentidos.
En esta dinámica se puede ejemplificar y lo hace: «Xerardo Estévez mostró una visión de Santiago impresionante, una visión del desarrollo ordenado de la ciudad. No quería prescindir de nada, tampoco del mercado. Es una persona culta y sensible. Para mí fue un lujo haberle tenido como alcalde».
Siempre hay una cierta nostalgia al dejar una silla calentada durante 39 años, y Concha no es una excepción: «Estoy muy agradecida y emocionada por todos los reconocimientos y afectos que he recibido por parte de las personas de mi entorno profesional en estos últimos días tras, mi jubilación».
Pero todo el mundo sabe que jubilación viene de júbilo: «Estoy muy feliz disfrutándolo todo con intensidad y en compañía de mi familia y amigos. Es una etapa dulce». Más aún, siente deseos insuperables de transmitirle su alegría a la gente. ¿El mejor momento vital?: «No, no. El mejor momento ha sido cuando nacieron mis dos hijos, que son mi vida, siempre pendientes de su mamá».
Recién jubilada, Concha se exhibe fresca, lozana y apuesta. Habrá algún secreto: «Básicamente, vivir con la conciencia tranquila y ver las cosas con un prisma positivo, pese a que haya momentos en los que lo pases mal». La mudanza vital le permite hacer cosas que no podía, aunque el tiempo sigue sin darle demasiada tregua. Una de las actividades que ha intensificado es la caminata. Pasear por el casco viejo «es un disfrute constante. Siempre voy mirando para arriba, no para abajo, y descubro cosas nuevas. Tengo el privilegio de vivir en una ciudad como Santiago». Aspira salud cada vez que se sumerge y solaza en parajes como el Auditorio, «un enclave maravilloso, uno de los más bellos de Santiago», el parque de San Domingos o Belvís. Al contrario de lo que sucedía hace solo unos meses, ahora camina sin la servidumbre del reloj y de la agenda. A esta, la ha repudiado: «No puedo ver una agenda delante». Eso de a las doce reunión ya no es ni un eco.
Cuando el redactor llega al Casino, lugar de la entrevista, Concha está enfrascada leyendo La novia de Matisse, de Manuel Vicent. El mundo de los marchantes hace olvidar al de los tratantes. Pero a la exgerenta, aparte de leer con fruición, también le apetece escribir. «Cosas para mí», puntualiza. Y como vencer el estrés reúne muchos registros, bordar y ganchillar son algunos más de los que utiliza la ex responsable del mercado. Y de paso su hijo se lo agradece cuando estrena el jersey de materna manufactura. El Casino está rumososo, a veces vocinglero, y Concha Canedo medita: «Se perdió mucho eso de las tertulias. A mí me parece que la gente anda de prisa y se acaba sintiendo agobiada y estresada».