Piedra y silencio

Ignacio Carballo González
Ignacio Carballo LA SEMANA POR DELANTE

SANTIAGO

Está rulando estos días por las redes un excelente vídeo de la Compostela de los años 60 en el que no falta ninguna de las imágenes que nuestros padres o abuelos nos han recreado de aquella época. Iconos de una ciudad dibujada con retazos de modernidad en la foto fija de un pasado que aún pervivía de leiteiras en O Toural, de las Marías en sus paseos en punto, de paisanas vendiendo quesos y verduras en la Praza, de R-4 rodando sobre la piedra, del bullicio de El Asesino, de estudiantes encorbatados, del paseo de las chicas por la Alameda, y lluvia, mucha lluvia con los soportales de las Rúas abarrotados y gabardinas aceleradas de un lado a otro. Una ciudad de tradición, pero que también asomaba al futuro, con la universidad que se anticipó al mayo francés. Una Compostela que apenas iba más allá del casco histórico y que aún no se había atrevido a renegar de su pasado no tan lejano cargándose el edificio Castromil. Y es que estos días de confinamiento despiertan un ansia de reencuentro, de salir a la plaza pública para reconectar con nuestros vecinos, pero también para sentir la ciudad más allá de los balcones y ventanas. Es un sentir compartido en muchas ciudades (desde A Coruña me envían otro vídeo, sin imágenes en blanco y negro), pero la llamada de Santiago es potentísima porque, tal vez, la neblina de la cotidianidad había velado a nuestros ojos la singularidad de estas calles y plazas, menos bulliciosas de vida propia e invadidas de turismo, es verdad, pero escenario igualmente envidiable de nuestras vidas. Y me pregunto cómo aparecerá la Compostela del confinamiento en el vídeo, o lo que sea, que rulará dentro de 50 años. Piedra, la piedra inmutable, y silencio.