Condenado un hostelero de O Sar a 23 años y medio de cárcel por agredir sexualmente a dos empleadas a las que amenazaba con despedirlas

SANTIAGO

Tendrá además que indemnizar a las víctimas con 27.133 y 20.112 euros, respectivamente
29 mar 2025 . Actualizado a las 21:29 h.La sección de la Audiencia Provincial con sede en Santiago ha condenado a 23 años y medio de cárcel a un hostelero con negocios en la comarca de O Sar al que se ha considerado responsable de dos delitos continuados de agresión sexual a dos de sus empleadas, aprovechando su situación de superioridad y amenazándolas con que podían perder el trabajo, que ellas, por sus circunstancias personales, necesitaban imperiosamente. Por la violación de una de ellas cumplirá 12 años de prisión y tendrá prohibido aproximarse a menos de 300 metros o comunicarse con ella durante 22 años. Además, tendrá que abonarle una indemnización de 27.133,6 euros. Por los hechos relacionados con la otra trabajadora tendrá 11 años y seis meses de privación de libertad, más 21 y medio de orden de alejamiento y una indemnización a la víctima de 20.112,91 euros.
La sentencia declara probado que el hostelero tenía en aquellos momentos tres negocios abiertos, de los que él era el jefe, aunque su mujer, que era también socia, era la que más directa y personalmente se ocupaba de la gestión. Una de las víctimas trabajó en dos de los establecimientos desde el 2007, mientras que la otra lo hizo desde el 2014. En ambos casos, los sueldos que percibían «eran necesarios para el sostenimiento de sus respectivas economías familiares, modestas o precarias, y el acusado era conocedor de ello», resaltan los magistrados.
En el caso de la primera de las víctimas, los abusos empezaron en el 2014, cuando el hombre comenzó a mostrarle vídeos de contenido pornográfico y a preguntarle, en una ocasión, si quería probar. Desde entonces, cuando estaba sola en el almacén o en la cocina se aproximaba a ella y la tocaba por encima de la ropa, preguntándole en ocasiones si era feliz con su marido y diciéndole que le convenía llevarse bien con él porque no podía quedarse sin trabajo porque nadie más la contrataría.
Pese a las negativas de la mujer, en enero del 2020 el acusado le pidió que acudiera al almacén y allí la manoseó e introdujo dos dedos en su vagina sin atender a sus negativas verbales y a su intento de zafarse. Ella reaccionó diciéndole que le contaría todo a su mujer y él llegó a ofrecerle dinero por su silencio. Sin embargo, en junio de ese mismo año se produjo un incidente similar.
Con la otra víctima el acoso comenzó en el invierno del 2015, cuando el condenado le pidió que se reunieran fueran de los locales para hablar del trabajo. Con ese pretexto, le hizo subir a su coche y la llevó a un lugar apartado, donde comenzó por hablarle de la necesidad de llevarse bien con sus compañeros y en especial con él para que le fuese bien en el trabajo. Después, le hizo tocamientos, pero ella se negó y la llevó de vuelta a casa, no sin antes recordarle «que ella tenía que hacerle caso y hacer lo que él dijera», recoge la sentencia.
En otra ocasión, y con otro pretexto, hizo que ella volviese a subirse a su coche y la llevó hasta un campo de fútbol, donde al tiempo que le insistió en que debía llevarse bien con él porque era su jefe y que pensase en sus hijos, intentó de nuevo propasarse, pero una llamada telefónica hizo que parase. Hubo otro episodio similar en uno de los locales que explotaba el hostelero hasta que en el 2016, también en el coche, la obligó a tocarle el pene y a hacerle una felación y dos años más tarde, en uno de los establecimientos, también la agredió y en este caso la tiró al suelo y la penetró.
En la condena, el tribunal se ha apoyado principalmente en las declaraciones de ambas víctimas, que se consideraron «sinceras y creíbles». Además, los informes forenses han constatado que las denunciantes padecieron un «cuadro sintomático catalogable como estrés postraumático que todos los peritos estimaron coherente con los hechos enjuiciados», explican los magistrados.