Alejandro, todo el curso sin transporte escolar porque no se hacen cargo de su enfermedad

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

cedida

La Xunta tendrá una reunión con su madre esta semana para dar alternativas

01 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El pasado mes de septiembre Erika envió el primer escrito para que su hijo, Alejandro Hermo Canozo, pudiese ser usuario del transporte escolar en el CEIP O Coto, en Negreira. Seis meses después, el pequeño de cinco años sigue sin hacer uso del autobús por lo que su madre, a pocas semanas de dar a luz, se encarga de llevarlo a él y a su hermano gemelo al centro escolar. El problema es que Alejandro Canozo tiene una epilepsia refractaria.

Desde entonces, Erika, que forma parte del AMPA y el consello escolar del centro y siempre se ha sentido respaldada por el colegio, lleva luchando para que su hijo y otros menores en situaciones similares puedan hacer uso del transporte escolar. Desde la Dirección Xeral de Mobilidade le informaron en diciembre que se estaba analizando el caso y en marzo parecía llegar una solución provisional. Un vehículo para llevar a Alejandro y otro para desplazar a un estudiante que también tiene problemas pero está en una ruta diferente. El vehículo resultó no ser tal, sino que se trata de una ayuda económica para que los padres sigan llevando por sus medios a sus respectivos hijos. Un total de 0,26 céntimos por kilómetro de trayecto para las dos familias afectadas, una solución que no aceptaron ninguno de los progenitores. «Nos negamos a aceptar esa ayuda, es una insolencia, estamos peleando por sus derechos y la discriminación por la que estamos pasando. Es un niño normal y merece ser tratado como los demás», explica Erika, que solicitó una solución en septiembre e iniciado abril sigue sin ella.

La problemática va más allá de la situación puntual de Alejandro. Los niños que sufren patologías crónicas susceptibles de descompensación con compromiso vital, como las crisis alérgicas, diabéticas o epilépticas, están perfectamente amparados en el programa Alerta escolar, y de hecho Alejandro acude todos los días al colegio con normalidad. Pero el vacío legal llega en el autobús. Probablemente haya acompañantes que asuman estas tareas —en el caso de Alejandro lo único que hay que hacer es sujetarlo en caso de crisis para que no se haga daño y además el colegio está al lado del centro de salud— pero otros se amparan en que no está estipulado en su contrato.

La familia de Alejandro entiende que en los contratos con las empresas de transporte deberían incluirse estos supuestos, para que los monitores tengan al menos una formación en primeros auxilios. Porque, apunta Erika, no se trata solo de su hijo, sino de todos los niños que están en la misma situación.

Mediación con la empresa

Desde la Dirección Xeral de Mobilidade aseguran que están trabajando con la empresa concesionaria del transporte para buscar una solución «e citarase á nai a unha reunión para explicarlle as posibles alternativas que puidesen existir».