Nuevas estructuras y mejoras en la red: el gasto prioritario que precisa el servicio de agua en Santiago

r. m. SANTIAGO / LA VOZ

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Imagen de archivo de la reparación por parte de Viaqua de una avería en la red de abastecimiento en la céntrica rúa da Raíña, en el casco histórico
Imagen de archivo de la reparación por parte de Viaqua de una avería en la red de abastecimiento en la céntrica rúa da Raíña, en el casco histórico PACO RODRÍGUEZ

El informe entregado a Raxoi para decidir sobre el nuevo modelo de gestión plantea inversiones del entorno de los 90 millones, entre ellos otra estación de tratamiento por 25

02 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Santiago arrastra una asignatura complicada desde el 2019: la elección del modelo de gestión del servicio de abastecimiento y saneamiento de agua. La última concesión venció entonces y aunque no han faltado propuestas para mantener el sistema concesional (la del gobierno socialista), municipalizar el servicio (la del mandato de Compostela Aberta) o la apuesta por una empresa mixta público-privada (la del bipartito de Goretti Sanmartín), la solución en este mandato parece tan complicada como en los anteriores, a falta de un modelo con consenso suficiente.

Al margen del debate político, el servicio sigue funcionando, pero también arrastrando necesidades de inversión que ya eran importantes al final de aquel contrato con Viaqua, que sigue con la gestión a través de órdenes de continuidad del Concello. Ya entonces eran millonarias. Ahí está precisamente el argumento de quienes defienden el modelo concesional, porque la empresa podría afrontar un volumen inversor de entrada difícilmente asumible por el presupuesto municipal. Aunque esa tesis vale también pare los defensores del modelo mixto, según refería anteayer el gobierno local.

En cualquier caso, tanto el informe del 2021 como el que anteayer se presentó a la comisión municipal especial del ciclo del agua hablan de unas necesidades inversoras mínimas del entorno de los 90 millones de euros, necesidades que están detalladas en función de las carencias más acuciantes de un servicio que todavía tiene 70 kilómetros (el 11 % de la red) en fibrocemento y otros 7 kilómetros de fundición gris, materiales llamados a retirarse hace ya años por su deterioro y las averías y fugas que provocan en la red.

El fibrocemento impera en el polígono del Tambre y buena parte de los barrios del norte y solo la sustitución en el área empresarial (además del aumento de sección de las tuberías) se estima en casi 6,4 millones de euros. Renovar y ampliar esa sección en el resto de las tuberías con ese material en el norte y otros barrios donde su presencia es menor costará otros 5,34 millones. Y hasta 12 millones se precisarían para afrontar la renovación de tuberías de abastecimiento y saneamiento en el casco histórico.

En el rural: 13 millones mínimo

En total, el informe cifra en casi 24 millones de euros las inversiones prioritarias para afrontar las necesidades de la red urbana. La situación del rural reclama prácticamente otros 13 millones, también en proyectos prioritarios. En este caso, las necesidades son más de ampliación del servicio (tanto en abastecimiento como en saneamiento) que de sustitución, aunque hay algún caso de estos últimos con importes reseñables.

Las mayores proyecciones de gasto se concentran, en buena medida, en las necesidades estructurales (29,3) de un servicio que requiere una nueva estación de tratamiento de agua potable. La actual está obsoleta y solo su sustitución se estima en 25 millones de euros. La mejora en el bombeo del pretratamiento del polígono del Tambre precisaría otros casi 2,8 millones y la ampliación del colector de la avenida de Lugo para terminar con las inundaciones de la glorieta de O Vieiro cuando llueve fuerte, reclaman otros 1,3 millones, a lo que habría que sumar en necesidades estructurales los 310.000 euros de la instalación de telecontrol en los tanques de tormenta del Sar. El informe cifra en otros 15,3 millones la mejora de depósitos y plantea otros 18,5 millones para digitalización e inversiones en sistemas de drenaje sostenibles, aunque en este último caso ya a más largo plazo (hasta 20 años).