Cuando el acupuntor es el río

MELIDE

Álvaro Ballesteros

Los peregrinos aprovechan los cauces que hay junto al Camino para refrescarse y aseguran que «el agua, aunque clava como una aguja, relaja»

28 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay nada mejor para un peregrino en un día de agosto -aunque este año parece que el tiempo no se corresponde con el mes- que avistar a lo lejos el cauce de un río o la imagen de otros romeros que después de haber recorrido una larga distancia con la mochila a cuestas disfrutan de un buen baño. Carmen, que viajó ya cinco veces a Galicia desde Murcia para recorrer la ruta francesa, recuerda bien lo que es para un caminante acercarse a una orilla e ir metiendo poco a poco los pies en el agua. Porque en los ríos de Galicia eso de meterse de repente, nada de nada, salvo que se quiera experimentar un latigazo del calibre de una descarga eléctrica. Ya lo dice ella: «Clava como una aguja, pero notas cómo relaja». El río se vuelve entonces un acupuntor natural.

Eso gusta, sobre todo a los que proceden del Mediterráneo, donde el agua parece más bien caldo gallego. Y para esta peregrina que viene de allá lo que más le agrada es notar el frescor del verano galaico al que pone la guinda un baño de pies en el río.

Los cauces fluviales o las piscinas, que han ido sustituyendo en algunos concellos de la ruta a los remansos donde tradicionalmente chapoteaban los aborígenes, resultan un alivio para los pies cansados. Todos esos enclaves naturales, o no, son también la alternativa para pasar la tarde cuando los peregrinos ya han acabado la etapa del día. Lo malo es que algunos no están justo a pie de albergue.

Pero que el agua helada es la mejor medicina para unos pies cansados lo constata cualquiera. No hace falta ser estudioso. Basta con haber hecho el Camino. Los que duden pueden preguntarle a un experto, por ejemplo. Porque, como explica una podóloga compostelana con amplia experiencia en peregrinos, favorece la circulación de retorno. «É unha terapia fantástica», concluye cuando le consultan por eso de darse un chapuzón en el río.

Las alternativas que hay a lo largo del Camino francés para disfrutar de un baño son variadas, aunque cada vez es más común que las piscinas sustituyan al río como centro de recreo. El caso más popular puede encontrarse en Sarria, donde estas han sustituido a la zona fluvial de O Chanto, un lugar en el que generaciones de habitantes de la villa han tomado los baños de verano. También el área recreativa que hay en Samos o las piscinas de Triacastela o Portomarín son buenos ejemplos.

Llegando ya al concello de Palas de Rei, los peregrinos pueden ir a Os Chacotes. Avanzando unos kilómetros, en Melide, se impone la zona fluvial de Furelos, que, aunque algo alejada de la ruta, es una belleza. En Arzúa, el Camino pasa a pie de río en Ribadiso. Y en O Pino podrán darse un chapuzón en la playa fluvial de A Tarroeira.