Mil y un recovecos fluviales esconden a los ojos la desembocadura del río Iso en Santiso
SANTISO

La ruta permite explorar las riberas del embalse de Portodemouros
24 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.San Xoán de Visantoña, concello de Santiso, es una iglesia de pequeño tamaño, como tantas otras del mundo rural gallego. A tiro de piedra tiene un cruceiro que vale un potosí, y que si está en su sitio a pesar de su valor es porque se yergue entre edificios y con un mesón, el Visantoña, allí mismo. Y todo ese conjunto es un buen lugar para partir a explorar las riberas del Ulla. O mejor dicho, del embalse de Portodemouros. El desafío es atisbar —y desde luego fotografiar, porque se lo merece— la desembocadura del río Iso unido al de Carracedo, muy vinculado el primero a la historia del Camino Francés a Santiago porque tierra adentro pasa lamiendo uno de los excepcionales albergues que ofrece esa ruta jacobea, el de Ribadiso.
Es este un itinerario para hacer en coche, o en bicicleta, con tramos que resulta preferible acometer a pie, aunque haya que ir ida y vuelta si no se cuenta con alguien que se ofrezca voluntario a llevar el vehículo hasta el punto de encuentro. En cualquier caso, recorrido fácil, sin discurrir por selva alguna ya que las pistas son anchas y la vegetación se mantiene a raya.
De manera que desde ese mesón, y siempre en descenso asfaltado, hay que dirigirse a Vilanova, un muy pequeño conjunto de edificios que encierra la particularidad que está en la ribera. Preciosa panorámica a la que contribuyen los bosques de eucaliptos, dejando aparte cualquier otra opinión sobre la conveniencia y oportunidad de estos.
Continuando la pista, lo cual quiere decir pegados al agua, se alcanza un punto entre simpático, histórico (gran movilización vecinal en 1975) y emblemático: el embarcadero del transbordador gratuito que lleva a la otra orilla, a la provincia de Pontevedra, a todo aquel que en ese momento lo solicite. La hemeroteca de este periódico —fácil de consultar desde su página web— contiene abundante información al respecto.

Y llega el momento de estirar las piernas por una ruta costera de sobresaliente: saliendo del transbordador, a los pocos metros desvío a la izquierda. Tras describir una elipse, el caminante va a llegar a las casas que tiene enfrente, un poco más arriba. Merece, y mucho, la pena.
Una vez más, dos posibilidades para visitar Ximonde y Balocás de Abaixo: cerca de las aguas por pista de tierra cómoda (andando) o por el asfalto del interior, señalizado (en coche). Lo interesante ahí no son esos dos núcleos que no difieren de tantos otros, sino lo que sobresale de las aguas a la izquierda, con su punto más alto a 329 metros sobre el Mediterráneo, aunque sobre las aguas que la rodean anda por los 80. Claro que cuando el nivel del embalse baja por las cada vez más recurrentes sequías, esa isla, A Altura, se convierte en península. Buen momento entonces para investigar esas hectáreas arboladas. En estos momentos hay que contentarse con disfrutar, a distancia, de la imagen, que puede ser calificada de espectacular.
Detrás de la Illa da Altura está la desembocadura del Iso. ¿Se ve? Respuesta negativa. Hay que continuar la pista, salvar el rego de Tajo, ir hasta la aldea de Ribeiro (no, no hay vino alguno), pasar ante lo que queda de su pazo y capilla, continuar la pista de tierra que primero sube y luego baja y plantarse ante esa desembocadura. Excepcional. Y curioso: hay que verla desde lejos, porque, excepto que se decida ir monte a través entre los árboles, no existe forma de plantarse en el justo punto donde se une a un Ulla que ya desde kilómetros antes ha ganado en anchura para ser embalse. Por cierto, la izquierda es territorio del Ayuntamiento de Santiso. La derecha, del de Arzúa.