El final de «And Just Like That» o cómo destrozar definitivamente al personaje de Carrie Bradshaw

PLATA O PLOMO

El capítulo que pone el broche a la secuela de «Sexo en Nueva York» se parece mucho a las desastrosas películas protagonizadas por Carrie, Charlotte, Miranda y Samantha. Pero nada a aquella serie que marcó un antes y un después para varias generaciones de mujeres
15 ago 2025 . Actualizado a las 13:50 h.Puede que And Just Like That sea un error garrafal, que haya fulminado el carácter gamberro y chispeante de Sexo en Nueva York y que cada capítulo sirva solo para comprobar que nadie aplica como Carrie Bradshaw la teoría del abrigo equivocado. Pero aún así, cuando a principios de mes saltó la noticia de que solo quedaban dos capítulos para disfrutar de Sarah Jessica Parker, tu pick me girl de confianza, y su —ahora muy diversa— troupe, el disgusto fue generalizado entre los fans. Esos que en los últimos años han visto cómo sus personajes favoritos se degradaban hasta caer en un ridículo que no ha dejado de estar presente en el epílogo, uno de los más esperados de la televisión reciente.
El final de Sexo en Nueva York llegó en el 2004 y se basó en la ley del mínimo común denominador. Con tramas feministas y revolucionarias a lo largo de sus seis temporadas, los guionistas prefirieron ser conservadores y le pusieron un novio a cada una de las cuatro amigas. Si Miranda, Charlotte y hasta Samantha acababan emparejadas pese a haber renegado tantas veces de los hombres, la serie hacía lo propio con la protagonista, y devolvía a Carrie a los brazos de Big, la relación más complicada y tormentosa de su vida, pero qué importaba entonces: ¡Viva el amor!
Eran tiempos protofeministas y sin polarizantes redes sociales, así que pasó lo que tenía que pasar. Las espectadoras —entonces casi todas eran mujeres— respiraron tranquilas porque estaba bien eso de liberarse sexualmente y romper techos de cristal, pero en la azotea aún debía haber un hombre dispuesto a hincar rodilla. Esta vez, el showrunner Michael Patrick King lo tenía más complicado. Había que cerrar el círculo contentando al sistema woke, pero procurándole a Carrie un broche a su altura. Sobre todo, tras el maltrato al fue sometido el personaje desde que empezó And Just Like That.
A partir de esta línea el artículo contiene spoilers, aunque el mayor de todos es, per se, el propio título del capítulo final: Mesa para una. Podía resultar curioso que sea tan explícito, ya que precisamente uno de los puntos fuertes de Sexo en Nueva York siempre han sido sus diálogos, cargados de chascarrillos y juegos de palabras. Aunque habría estado bien mantener la tensión hasta el último momento, los guionistas no han hilado muy fino últimamente, pues esta misma temporada mataban por segunda vez al padre de Lisa, una de las incorporaciones del reboot.
El capítulo pudo estar bien. Por ejemplo, terminando con Carrie como soltera por elección. ¿No fue acaso este su final? No. La neoyorquina habla con tal condescendencia de su situación y de sí misma que sabes que a la mañana siguiente estará mirando vuelos a Londres para encontrarse con Duncan, el escritor bueno. El que debió sustituir a Berger en la quinta temporada de Sexo en Nueva York.
Pero el capítulo pudo estar genial. Con Carrie soltera por elección, mudándose a su envidiable ex apartamento y mirando vuelos a Londres, esta vez, para encontrarse con Samantha, la amiga buena. La que no es Seema.
El reboot no superó la ausencia de Kim Cattral en el papel de Samantha Jones, en parte, porque los personajes de Charlotte y Miranda parece que solo querían demostrar que eran una caricatura de aquellas personalidades que habían cautivado al público. De hecho, una de las quejas más recurrentes entre los seguidores de la serie es que los guionistas parecen no conocer la versión joven de sus personajes. Como si nunca hubieran visto, por ejemplo, el memorable episodio en el que Miranda le cuenta a Charlotte que está embarazada justo cuando ella descubre lo complicado que le va a resultar convertirse en madre.
Por eso es de agradecer, al menos, los guiños al pasado del capítulo. Siendo la nostalgia el único motor —bueno, y el hate watching— que puede arrastrarte a ver la versión más camp de Sexo en Nueva York, las palabras de Carrie diciendo «Me casé porque me sentí la elegida», son música para muchos. Porque en estos 40 minutos al menos hubo Big, Aidan, un tutú y moda a rabiar.