La falta de innovación, la improvisación y la especulación condicionan el desarrollo de las principales urbes de Galicia, que aún buscan su modelo
08 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Muy pocas son las excepciones a la dinámica general de las ciudades gallegas caracterizadas por la escasa innovación, la improvisación y la especulación. Pocas veces el crecimiento de nuestras ciudades estuvo unido a un modelo o proyecto de ciudad. Quizás el caso más sobresaliente en nuestra historia urbana haya sido la creación de una un ciudad de nueva planta en Ferrol, que probablemente podríamos encuadrar en el modelo urbanístico neoclásico o ilustrado. Muy destacada también fue la aportación de Palacios al diseño de una ciudad metropolitana policéntrica en el entorno de Vigo, con una trasposición a la ría del modelo de la Garden City de E. Howard. Más fácil fue la aplicación del modelo residencial inglés a barrios burgueses u obreros de A Coruña de principios del siglo XX, donde también cuajó el primer Ensanche decimonónico gallego. También el movimiento moderno, dentro de un contexto del racionalismo organicista final, inspiró la construcción en la capital coruñesa de algunas actuaciones de interés, aunque ni su calidad constructiva ni su conservación actual hagan pensar que lo tienen. Todo lo demás ha sido fruto de planes generales de ordenación urbana sucesivos, miméticos, que pasaron de una fase inicial que incluía el diseño de ciudad, como en Vigo y A Coruña, a la formulación posterior basada en la zonificación y los planes parciales, lo cual en un contexto fuertemente especulativo y escasamente disciplinado dieron lugar a la construcción de ciudades troceadas carentes de proyecto unificado. Cierto que en algunos casos se pensó acertadamente el modelo funcional de ciudad pero tal vez sea el caso de Santiago en la primera etapa del alcalde Estévez el único que permita hablar de un proyecto de ciudad. En este contexto no es extraño que el resultado fuera la densificación creciente, congestión del tráfico, saturación del espacio, morfología arquitectónica de baja calidad, tejido urbano inacabado y desordenado, y una expansión incontrolada en conflicto permanente con el entorno rural y con el paisaje. A partir de los años ochenta nuestras ciudades, aunque con diferente intensidad, expandieron su crecimiento hacia los municipios periféricos y crearon espacios metropolitanos en donde los males de la ciudad principal se multiplicaron. Evidentemente no cabía esperar de municipios hasta entonces rurales y carentes de modelo algunos de gestión y de planeamiento otra respuesta que la habida: facilitar a los promotores sus objetivos, como manera de incrementar los debilitados ingresos municipales y hacer frente a la pérdida de población. Un campo abonado para el desorden absoluto. Salvo la excepción de Oleiros, que aplicó un modelo de desarrollo urbano sostenible, todos los demás municipios de la periferias urbanas empeoraron la situación de las ciudades centrales. Planes estratégicos La generación de ciudades con plan estratégico empezó a aplicarse en Galicia relativamente pronto. El primero fue el de Vigo que llevó a la creación de un órgano de cooperación público-privado de gestión pero no se alcanzaron los resultados esperados. Otro plan de este tipo redactaron en Lugo, pero más orientado a la participación ciudadana. Santiago está elaborando, con cierta calma, su plan estratégico. Del resto se pueden comentar los planes estratégicos provinciales de Ourense y de Pontevedra (el de la provincia coruñesa está redactándose) en los cuales se contempla, en lo que a la estructura urbana concierne, unos nuevos modelos de desarrollo urbano. En el caso ourensano se diseñó una ciudad metropolitana policéntrica formada por la capital y una corona de cabeceras de comarca cada vez más integradas en la ciudad (Allariz, Maceda, Ribadavia, Celanova, O Carballiño) y en la provincia pontevedresa se habla de una ciudad región urbana policéntrica que aglutine el conjunto Tui-Vigo-Pontevedra-Vilagarcía, en la que se utiliza como base para su articulación la red ferroviaria como soporte de un modelo de transporte intermodal. Si comparamos este panorama con el que he descrito para las diez ciudades españolas, podemos comprobar como en nuestro caso no hemos pasado de experiencias imitativas y en general con contenidos escasamente ambiciosos y poco creativos. Por eso cualquier actuación que ahora se emprenda deberá acometer costosas y difíciles operaciones de cirugía urbana que completen el esfuerzo rehabilitador que desde hace unos años se ha aplicado a nuestros centros históricos. En consecuencia, al retraso inherente a todo el tiempo transcurrido desde la posguerra se unió la mentalidad de desarrollismo desaforado de nuestros, políticos responsables del urbanismo precisamente cuando nuestras ciudades más crecían. Es por todo ello por lo que el urbanismo aplicado en Galicia no haya sido hasta ahora el adecuado para alcanzar ese nivel de calidad que todo proyecto integral de ciudad demanda para ser competitiva en el actual panorama urbano. Vigo | La metrópolis del sur La transición de la ciudad viguesa desde la crisis industrial la llevó a una economía urbana cada vez más especializada y con un censo laboral y productivo muy centrado en torno al complejo del automóvil. Desde entonces Citroën y el Consorcio de la Zona Franca se convirtieron en los verdaderos artífices de la ciudad, que se convirtió en un poderosos centro logístico de automoción con un soporte tecnológico muy importante, favorecido por la política de desarrollo económico del Gobierno regional. Recientemente, el director de la planta automovilística, que ya anteriormente había propiciado el segundo plan estratégico para reforzar la integración empresa-ciudad, ha anunciado su idea de hacer de Vigo un polo de competitividad, y seguir un modelo que actualmente está de moda en Francia, como versión actualizada de los polos de desarrollo. El dinamismo empresarial estuvo acompañado de un fuerte dinamismo demográfico y edificatorio pero la planificación de ese crecimiento no funcionó simultáneamente. Cierto que se efectuaron actuaciones importantes de mejora urbana, como la actual remodelación del área central, o el proyecto de Abrir Vigo al mar. Ahora la ciudad está gestionando un nuevo plan general, cuya contestación ciudadana ha sido masiva, y que introduce el perfil de los rascacielos en algunos de los paisajes urbanos más característicos. Vigo ha hecho una apuesta estratégica difícil: ser la capital del eje atlántico. Pero la realidad nos demuestra que dicho eje ya tiene su capital en Oporto. Ahora Vigo busca de nuevo su posicionamiento logístico entre las ciudades portuarias europeas, y algunos, muy pocos, ya piensan en alternativas a la excesiva dependencia de un sector que está atravesando un situación difícil, por las tendencias del mercado y los factores de deslocalización. De momento, la elevada productividad de la planta viguesa asegura la continuidad, pero la incertidumbre no está ausente. Vigo aspira a ser un centro logístico marítimo, un polo de conocimiento y de competitividad integrando su potencial empresarial, investigador y tecnológico. Pero Vigo se encuentra en la tesitura de una ciudad emprendedora, pero que ha perdido el liderazgo gallego en la formación de grupos empresariales propios, en la productividad, y en el censo empresarial, y que necesita un proyecto de ciudad con una nueva visión estratégica integradora. A Coruña | Una metrópoli emergente A Coruña, metrópoli regional era el titulo de un libro que hace años escribí sobre la ciudad, y parece que en estos momentos la aglomeración coruñesa está acercándose a ese rango funcional. La trayectoria urbana es interesante, tanto por su evolución como por los resultados obtenidos. La ciudad comercial, administrativa y militar del pasado entró en crisis como también lo hizo el modelo de ciudad industrial anterior, cuando también el principal grupo empresarial, el Barrié, empezaba a dar síntomas de debilitamiento industrial que se plasmó en el traslado de la sede de su principal empresa, Fenosa, a Madrid. En pleno comienzo de la terciarización y en un contexto de atonía social fue decisivo el papel de un nuevo líder, su alcalde, que apostó decidida e inteligentemente por hacer de la ciudad una ciudad de servicios. Fue entonces ciudad pionera en crear grandes equipamientos que se completaron con la recuperación del frente marítimo. Paralelamente la ciudad se consolidó como centro del terciario empresarial, financiero y de ocio y más recientemente de un sistema productivo altamente competitivo e innovador, con la creación de una multinacional y varias empresas internacionales vinculadas a nuevos grupos empresariales. Esta convergencia aportó a la economía urbana y a la ciudad una nueva base para su despegue urbano, e hizo de ella la ciudad líder desde el punto de vista económico, si atendemos a la productividad, al valor de la producción y al origen del capital y la iniciativa, así como a su diversificación. La cooperación público-privada funcionó adecuadamente, al amparo del fuerte liderazgo institucional y el crecimiento ahogado por la exigua extensión del municipio, se expandió a una extensa periferia metropolitana que tiende a ampliarse hacia otros municipios hasta hace poco rurales. En este contexto, se hizo posible el tan ansiado y necesario traslado de las actividades portuarias a un nuevo enclave, lo cual posibilitó pensar en la rehabilitación del frente marítimo. El diseño de la nueva fachada de la ciudad al mar, que Joan Busquets está haciendo, abre nuevas oportunidades a la ciudad, para compensar la excesiva densificación, la falta de diseño, la desarticulación y saturación que la ciudad actual presenta. La ciudad y sus dirigentes empiezan a enfocar su futuro desde la realidad metropolitana como comunidad social, cultural y territorial integrada y pensando en su pertenencia a un sistema global de ciudades, merced a la aplicación de la Ley de Ciudades. Santiago | Una ciudad capital Nuestra simbólica ciudad religiosa, universitaria y monumental es hoy distinta. Su conversión en capital regional ha reforzado su función administrativa y de servicios, y la proyección del Camino ha hecho de ella una ciudad de peregrinación de renombre mundial. Sobre estas nuevas bases se fue construyendo la ciudad del presente y la del futuro. Primero fue la declaración de Patrimonio de la Humanidad, después la creación del consorcio para la coordinación de las Administraciones, siguiendo el modelo barcelonés, y la redacción de un plan general con las bases urbanísticas para el nuevo modelo que tenía en la calidad de vida y en la cultura sus dos objetivos prioritarios, siempre en un contexto humanístico y con un enfoque de apertura y universalidad. A todo esto, el alcalde Estévez añadió un plan de actuaciones, Compostela 92-99, en el que todas las Administraciones cofinanciaban un verdadero proyecto de ciudad, asociado al modelo de los grandes eventos, como antes habían hecho Sevilla y Barcelona. Una inteligente estrategia cuando la Xunta ponía en el Camino su principal apuesta de márketing, pensando en la internacionalización de Galicia a través de una realidad profundamente arraigada en Europa y acorde con los intereses de la sociedad posindustrial. Dos espacios de calidad Al amparo del proyecto de ciudad se crearon los dos espacios urbanos de mayor calidad: el entorno del Auditorio y el del Centro de Arte Contemporáneo de Bonaval, muy significativos del nuevo modelo de ciudad que se pretendía. Se completó con el diseño de una estructura urbana descentralizada y policéntrica para promover un crecimiento alrededor de las nuevas centralidades culturales o terciarias (palacio de congresos, centros comerciales, sanitario y universitario) y con una relevante labor de rehabilitación arquitectónica, ya que no funcional, del casco histórico. Vino después una nueva fase vinculada a la estrategia de promoción del Xacobeo. La ciudad pasó a ser un destino masivo religioso y cultural; la economía urbana se orientó al turismo, y una extraordinaria inversión hotelera situó a Santiago en una posición preferente. Sin embargo, la sobredotación hotelera, la debilidad del modelo de desarrollo turístico y los riesgos para competir de una ciudad que descansó demasiado en la subvención y en el valor de la cantidad sobre la calidad, justifican la necesidad de pensar el futuro desde una revisada perspectiva, cuyas debilidades se observan en el borrador de su plan estratégico.