Adrià apuesta por las algas

Dolores Vázquez A CORUÑA

SOCIEDAD

CÉSAR QUIAN

El cocinero ensalza el marisco gallego y, junto con Pepe Solla, señala la precisión como el próximo reto tecnológico que afrontarán en los fogones los profesionales del sector

05 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«Los mejores productos del mar están en Galicia», aseveró ayer el cocinero Ferrán Adrià en A Coruña. Y no se refería sólo al marisco, sino también a las algas. Ferrán Adriá explicó que gracias al empresario gallego Antonio Muíños descubrió las algas frescas de las costas de la comunidad, cuando las más comercializadas eran las japonesas deshidratadas. El cocinero catalán destacó durante las jornadas en el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (Macuf) que los vegetales del mar son manjares por descubrir y estimó además que su introducción en la cocina será «una noticia mundial». De sus preferencias, apuntó que los «percebes con caviar rozan el cielo». Dentro de las jornadas sobre energía y cocina que se desarrollarán en A Coruña hasta el día 26, el cocinero de El Bulli cuestionó que la tecnología tenga un papel protagonista en la cocina profesional y matizó que lo verdaderamente revolucionario fue la entrada de la electricidad. «Para mí la tecnología es el Apolo 18, no la túrmix », dijo. Temperatura Coincidió con el cocinero José Solla, del restaurante Solla en Poio, en resaltar que el gran reto en los fogones será la precisión. Adrià criticó que la industria no respalde la investigación en este campo y consideró necesario que se consigan nuevos elementos que permitan conocer la temperatura de los alimentos. Así, ante las más de 300 personas que asistieron a las charlas, reclamó objetos como las sartenes con termómetro incluido o la posibilidad de que los hornos asen a distintas temperaturas los distintos elementos de una receta. El que está considerado como número uno de los fogones señaló que España es un referente en la cocina en el mundo occidental y destacó que es necesario apostar por un nombre para evitar que la encasillen con denominaciones como cocina emocional, que no respalda y frente al que propuso la de tecnoemocional. Solla apostó en su exposición, interrumpida en varias ocasiones por fallos técnicos, por mostrar la importancia de la temperatura en la elaboración de un huevo cocido. Uno de sus platos más alabados permitió al público entender que la cocina es cuestión de temperatura, no de tiempo.