Lento baile de velas en la bahía

SOCIEDAD

Los 52 barcos de la regata La Solitaire du Figaro salieron de A Coruña con más dos horas de retraso por falta de viento

05 ago 2009 . Actualizado a las 12:14 h.

Por la popa del trasatlántico Aurora, atracado en el puerto de A Coruña, fueron pasando durante la mañana de ayer los 52 veleros que continúan en la regata La Solitaire du Figaro, que, como el propio nombre indica, es una de las competiciones en la que los patrones se enfrentan en solitario al mar. Tras la primera etapa entre Lorient y el puerto coruñés, las embarcaciones salían dispuestas a recorrer las 365 millas que les separan de Saint Gilles Croix de Vie, en la costa francesa. Los regatistas estaban convocados para las dos de la tarde a cinco millas del puerto coruñés, en mar abierto. A la una, en la dársena solo quedaba un equipo de apoyo y algunos turistas del Aurora curioseando, asomados a las barandillas.

Antes de doblar el dique de abrigo, una dorna -con su clásica vela y el nombre Masela en el costado- se sumó a las embarcaciones que querían asistir a la salida de la regata. Por el canal del centro de la bahía salía el mercante Wilson, nombre que evocaba las solitarias conversaciones de Tom Hanks con un balón de rugbi en la película Náufrago.

«Aquí hay 52 metros de profundidad», decía el patrón del barco en el que viajaba el concejal de Deportes del Ayuntamiento de A Coruña, Xoán Martínez Cajigal, mientras saludaba a los tripulantes de otras embarcaciones que se encontraban ya en el punto de salida de la regata. Poco antes, al pasar ante la boya de punta Guisanda, el patrón había explicado que ese fue el lugar de llegada de la primera etapa, ganada por Yann Elies con Generali.

En la zona también se encontraba una patrullera de la Marina de guerra francesa. Pero el mar seguía «como un plato», en opinión de los expertos. Esta circunstancia era aprovechada por los tripulantes y pasajeros del yate Zóspiro, para tomarse no el «zóspiro de caña» que en su día popularizó Farruco, sino un aperitivo.

Entre las embarcaciones otro yate llamaba la atención: «Se parece al que lleva James Bond», apuntaba alguien volviendo al tema cinéfilo, mientras los solitarios navegantes daban vueltas por las cercanías de la imaginaria línea de salida. Viendo su soledad, uno de los patrones recordaba que todos ellos «se pasan hasta tres días sin dormir más allá de intervalos de 20 minutos». Era algo que Gerald Veniard, uno de los regatistas, explicaba: «He pasado 56 horas en el mar sin dormir más que a ratos contados para no perder el ritmo. No me podía permitir ni un solo fallo, el nivel de este año es altísimo».

Poco antes de las dos de la tarde sonó un pistoletazo de aviso. Pero todo quedó en eso. El viento era escaso y los organizadores decidieron ampliar la zona de salida en busca del viento. La vela mayor casi plana y el foque de los barcos enfilaron hacia punta Guisanda, aunque algunos tuvieron que usar el espín porque el viento venía de popa. Empezó así un baile de velas, el foque y la mayor casi plana danzaban hasta encontrar un lugar para la salida. Isabelle Joschke, la única mujer de la regata y que dirige el Synerge, buscaba la nueva línea de salida mientras se giraba ante el reclamo de un fotógrafo. Segundo intento, más allá de las tres de la tarde. Fue nula al adelantarse algunos barcos. Pero todavía hubo otro más antes de que los solitarios navegantes abandonaran su lento baile y desfilasen con sus velas henchidas de viento.