Marineros de Cangas en línea regular

La Voz

SOCIEDAD

Miles de personas usan los barcos que unen Vigo con la península de O Morrazo

16 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

David Costas ya no se sorprende cuando un turista le pregunta, como ya ha ocurrido, si Cangas es una isla. «Hay quien cree que una línea regular de barco tiene que unir Vigo con una isla -explica-, no se hacen cargo de que O Morrazo es una península y de que este transporte es tan importante para unir las dos orillas como lo puede ser un autobús».

Durante el verano, David, que tiene 38 años, cruza la ría de Vigo dieciséis veces en una jornada de trabajo al timón del buque Mar Onza, de la naviera Mar de Ons. «Sí, supongo que soy un autobusero del mar -dice-, esto viene a ser lo mismo que llevar un Vitrasa, con tus frecuencias y tu recorrido fijo, pero con vistas».

Cinco y media de la tarde, puerto de Cangas. El Mar Onza parte puntual, aunque el patrón siempre se comunica por radio con la taquilla por si queda algún rezagado y hay que esperarlo. No es la primera vez.

El bus de la ría zarpa y lleva en su barriga de poliéster un pasaje variado: trabajadores que utilizan el barco como medio de transporte, turistas y, con mucha frecuencia, personas que se embarcan sin más motivo que el de disfrutar de una excursión por la ría a un precio muy asequible, por tomar el aire. «Sí que hay mucha gente que coge el barco, o en Vigo o en Cangas, hace la travesía y regresa en el mismo barco. Son cuarenta minutos de paseo muy agradecidos».

Verano e invierno, los 365 días del año, el servicio sale siempre, por eso la clientela es fiel. Explica el patrón que solo en caso de que el tiempo se pusiera muy farruco el barco se quedaría en puerto, pero eso es algo que determina la Capitanía Marítima. En lo que va de año solo ha ocurrido una vez y, para eso, el corte del enlace duró solo dos horas; las islas Cíes son un rompeolas natural fabuloso.

Según el barco gana mar, la mancha del fondo se va revelando como esa gigantesca confederación desordenada de barrios que es Vigo hasta que, antes de que puedas darte cuenta, la ciudad entera ya te abraza desde el pecho de refugio que es el Náutico.

Tan metido está el transporte marítimo a Cangas y a Moaña en los habitantes de las Rías Baixas que su uso forma parte de la rutina de muchas generaciones. Los domingos por la mañana acostumbra a embarcarse, a primera hora, la chavalada de un lado de la ría que ha salido de marcha en el otro. «Entran muy alborotados, pero, a la que el barco empieza a mecerse, caen todos dormidos. Después tenemos que tocarles diana», explica David.

La embarcación navega a una velocidad media de entre diez y doce nudos. También es cierto que, en los primeros viajes de la mañana, se le mete algo más de caña, con el fin de que los trabajadores que lo usan puedan llegar a tiempo para enlazar con los autobuses urbanos.

Si uno viaja antes de las 9.15, el trayecto cuesta tres euros. «Por ese precio -dice David- no te compensa mover el coche». Los jubilados pueden ir y venir por cuatro euros y también hay bonos que reducen considerablemente los nueve euros ida y vuelta de la tarifa ordinaria.

En la ría no hay atascos. O casi. Los fines de semana, con las regatas y los navegantes aficionados las aguas se ponen imposibles. Hay mucha gente que coge el barco para ver los trasatlánticos que llegan a Vigo y luego regresan.

David es nativo de Cangas y tiene la sangre salada. «El mar para nosotros lo es todo. Incluso cuando subimos a un coche decimos: Vou embarcar». Juan Jesús Fernández y Daniel Martínez completan la tripulación del Mar Onza, una de las ocho embarcaciones de la compañía Mar de Ons. En cubierta, uno respira hondo, mira al horizonte y en la cabeza revolotean, como gaviotas ladronas, los versos de Bernardino Graña: «Mariñeiros de Cangas, meus amigos, meus irmáns de salitre e sol e chuva»; poesía de línea regular.

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El uso del transporte de ría es parte de la rutina de varias generaciones