Ya llega con los fenómenos naturales

Juan Ramón Vidal Romaní DIRECTOR INSTITUTO GEOLOGÍA PARGA PONDAL

SOCIEDAD

04 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La Tierra tiene cada vez menos espacio para acoger a sus habitantes y los residuos que generan. Enterramos en los continentes o en el mar lo que no queremos en superficie. El producto estrella es el CO2 por su efecto en el incremento de la temperatura de la atmósfera. Y de ahí las numerosas líneas de trabajo sobre cómo secuestrar CO2 inyectándolo en estructuras geológicas subterráneas y submarinas o aprovechando huecos existentes: antiguas minas donde el gas debe ser introducido a alta presión para optimizar el espacio. La nueva técnica ha dado problemas por las elevadas presiones que transmite al terreno y la sismicidad inducida por ello, que puede llegar a ser peligrosa. Ya llega con los sismos naturales para que empecemos a crear otros nuevos. Pero nuevamente los que comercializan la energía nos buscan una nueva preocupación. Desde hace unos años se trata de sustituir o complementar el consumo petrolífero con el de gas, muy abundante y más barato por su menor poder calorífico. Y la creciente dependencia de este recurso aconseja crear reservas estratégicas, como las del petróleo, lo que plantea dificultades, pues el gas se debe almacenar a alta presión. Y no se ha encontrado idea mejor que aprovechar los huecos dejados por antiguas explotaciones petrolíferas, como el almacenamiento subterráneo de gas Castor, entre Vinaroz y el Delta del Ebro, donde se han disparado las alarmas, pues esa costa es sísmicamente activa (recordar el sismo de Lorca), y no parece demasiado provocar un seísmo (y el consiguiente tsunami) en una zona donde están situadas varias centrales nucleares.