La otra batalla de Uber en la Península

Begoña Íñiguez CORRESPONSAL /LISBOA

SOCIEDAD

Protesta contra Uber en A Coruña
Protesta contra Uber en A Coruña EDUARDO PEREZ

La empresa exige al Gobierno luso que regule la actividad, tras ser declarada ilegal

09 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La guerra que el sector del transporte de viajeros ha abierto en España a las plataformas de vehículos VTC no es algo que haya llegado tan lejos como la librada en territorio luso, desde el 2015, entre los 14.000 taxistas que existen oficialmente en Portugal y los 3.500 conductores de Uber. Ahora continúa con más fuerza que nunca, tras la sentencia del Tribunal de Relación de Lisboa, que reafirma la decisión del Tribunal de Primera Instancia de declarar ilegal la actividad de la plataforma en Portugal. Al mismo tiempo que los afectados amenazan con recurrir, ruegan a las autoridades lusas que regulen, de una vez por todas, en el Parlamento de Lisboa su actividad, porque se ven desprotegidos por completo.

La guerra empezó hace dos años cuando la plataforma norteamericana comenzó a operar en Lisboa y en Oporto, sin previa autorización de las autoridades portuguesas.

Lo hizo a través de una sociedad empresarial con sede en Holanda, consiguiendo en pocos meses gran popularidad entre ejecutivos y profesionales liberales. Las razones de su gran pegada: su precio competitivo, la comodidad en el pago, la reserva del servicio a través de una app, la calidad de los coches y la amabilidad de los conductores.

Los taxistas portugueses, acostumbrados a no tener ningún tipo de competencia, no trataban al cliente de la mejor manera, utilizando en muchas ocasiones para sus servicios, una flota de vehículos Mercedes muy viejos, sin aire acondicionado y poco higiénicos, vieron las orejas al lobo. No tardaron en cerrar filas a Uber a través de Antral (la gran asociación del sector) para protestar ante las autoridades portuguesas, por lo que ellos consideran como una «actividad ilegal y competencia desleal de los conductores de la plataforma, por no estar sujetos a la gran carga fiscal que tenemos nosotros, al estar dados de alta como autónomos, lo que es sumamente injusto», declaró a La Voz Antonio Gonçalves, conductor de taxi de Lisboa, desde hace 20 años.

Reclaman dinero

Después de hacerse pública la sentencia sobre Uber, Antral emitió un comunicado en el que los taxistas lusos mostraban su satisfacción por haber declarado ilegal la actividad de la plataforma en Portugal.

Pero también hablaban de su preocupación porque «la empresa norteamericana puede recurrir, ya que la sede de su actividad se encuentra en Holanda y no en Portugal». Además, Antral ha exigido a Uber, por los daños y perjuicios causados a sus asociados, 15 millones de euros de indemnización.

Los conductores de Uber no bajaran la guardia en ningún momento, porque no creen estar a salvo ahora. Uno de ellos, Carlos, cuenta que «es muy injusto que en el siglo XXI y en una sociedad democrática como la portuguesa no podamos convivir, con una sana competencia».

Duro boicot

Otro, João, recuerda a La Voz «los duros momentos que he pasado en los últimos meses y los boicots e insultos que he sufrido por parte de algunos taxistas». «Nosotros somos los que nos encontramos desprotegidos, no tenemos a nadie que vele por nuestros intereses, a mi me avisan del servicio que tengo que prestar cinco minutos antes, tengo un programa y un GPS de Uber instalado en mi móvil, que controla mis servicios y me indica el itinerario a seguir». Añade además: «Lo que poca gente sabe es que si la valoración que hacen ustedes, los clientes, al termino del viaje, de una a cinco estrellas, no es positiva, no podemos trabajar en la plataforma».