Así se comprueban los plagios de las tesis

Estudiantes, docentes e instituciones recurren a programas informáticos capaces de detectar porcentajes de similitud entre textos. Las tres universidades gallegas invierten 25.000 euros anuales en licencias para evitar plagios


Copiar y pegar, fusilar: práctica extendida especialmente en el ámbito académico -sobre todo en el universitario- y también conocida como «plagiar», «copiar en lo sustancial obras ajenas -según la RAE- dándolas como propias». Añade el Tribunal Supremo, en una sentencia del 28 de enero de 1995, que «se presenta más bien como una actividad material mecanizada y muy poco intelectual y menos creativa, carente de toda originalidad y de concurrencia de genio o talento humano». Constituye esta costumbre el principal y más grave atentado contra los derechos de autor, al suplantar al propietario intelectual de una obra para adoptarla como propia. Se plagia cuando se presenta un trabajo que no propio como tal, pero también cuando se reproduce un texto (un audio, un vídeo, una imagne) literalmente sin citar la fuente y cuando se transcriben párrafos o frases sin señalar su procedencia.

A grandes rasgos, el plagio puede implicar responsabilidad penal (si se hace con ánimo de obtener un beneficio económico, directo o indirecto), civil y administrativa o académica. En este caso, son las propias universidades las que, a propuesta del Consejo de Universidades, establecen las normas que regulan las responsabilidades de los estudiantes relativas al cumplimiento de este tipo de obligaciones. No existe una norma específica para actuar en estas situaciones -los decanos llevan años reclamándola-, pero la mayoría de las instituciones lo consideran una falta leve que, de repetirse y según la gravedad del caso, supone consecuencias más o menos graves. La Universidad de Santiago siguió en un episodio reciente un procedimiento regido por una normativa de 1954, un régimen disciplinario que todavía está vigente y que establece vagamente que, además del suspenso, debe abrirse un expediente con audiencia de todas las partes y nombrarse un instructor que dirija la investigación y proponga una sanción. En esta ocasión, el alumno fue expulsado durante un año tras haber presentado una docena de trabajos copiados. En la universidad de Vigo, desde el 2015 los alumnos deben firmar un compromiso de honestidad académica para completar su proceso de matrícula.

Pero, ¿cómo se detecta el fraude? ¿cómo se pilla al mentiroso? Además del clásico método de introducir texto sospechoso en motores de búsqueda, como Google, hay programas y servicios antiplagio especialmente ideados para comparar párrafos y reconocer si existen similitudes con otros publicados. Turnitin es el más completo y también el más extendido: lo utilizan 15.000 instituciones de 140 países diferentes, y su base de datos es ya superior a los mil millones de entradas. A él recurren desde el año pasado las tres universidades gallegas. Este año se han distribuido 6.000 licencias a un precio de 20.570 euros, el próximo año el presupuesto asciende a 28.943 euros para la adquisición de 7.500 licencias.  

Las licencias, tal y como contó Tamara Montero en este diario el pasado febrero, se reparten entre los centros en función del volumen de trabajos que gestionan. Antes de su defensa, los textos se pasan por el programa y si hay algún fragmento que no se haya citado adecuadamente, el algoritmo lo detecta. Y alerta de ello. Turnitin mide cuánto del trabajo no es original, proporciona un índice de similitud. La máquina, por tanto, solo hace una parte del trabajo, la inicial: los docentes (o el personal designado a ello) deberían analizar individualmente los textos sometidos a este software para excluir referencias bibliográficas y páginas preliminares o anexos, y para revisar cuánto es realmente copia y cuánto no.

Turnitin comparara el trabajo de un estudiante con su base de datos, explican desde su página oficial, y, si hay fragmentos en los que la redacción es similar o coincide con alguna de sus fuentes, los marcará para que sean revisados. «Recomendamos usar un informe como indicador de que puede haber ocurrido plagio y luego utilizarlo como parte de un proceso más extenso a fin de determinar si las coincidencias son aceptables o no». No será lo mismo encontrar conceptos similares en las introducciones de tesis o trabajos de fin de máster que en las secciones de desarrollo o conclusiones.

¿A partir de qué porcentaje de semejanza se considera plagio? No hay un porcentaje establecido a nivel general, pero en la mayoría de los casos se entiende como tal una similitud entre textos superior al 15 o al 20 %. El responsable en España del programa, Lluis Val, que ha analizado la tesis doctoral del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, respalda que «tras los datos numéricos, tiene que haber un análisis humano que interprete el alcance del posible plagio». Turnitin no evidencia si un texto es plagio o no de manera categórica, sino que muestra el porcentaje de similitudes con respecto a material que ya existe comparando, a través de la inteligencia artificial, un trabajo con una base de datos que incluye miles de millones de fuentes de información digital, además de unos 500 millones de artículos y material editorial bajo suscripción, y más de mil millones de trabajos de otros estudiantes. Val añade, según EFE, que un 20 % de plagio en un trabajo podría implicar menos apropiación de ideas que un 14% detectado en las conclusiones, que se podría considerar «mucho más grave».

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