Amazonas: ¿por qué debería preocuparte que arda el pulmón de la Tierra?

Ha registrado más de 9.500 nuevos incendios solo en la última semana y la deforestación ha aumentado un 80 %


redacción / la voz

La selva amazónica ocupa la masa forestal más grande del planeta. Genera el veinte por ciento del oxígeno y absorbe unas 2.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Representa una fuente de humedad tan inmensa que juega un papel fundamental en el ciclo hidrológico global. El veinte por ciento del agua dulce que ingresa en los océanos proviene de allí. Un porcentaje elevado que ayuda a mantener el delicado equilibrio en las corrientes marinas que reparten el frío y el calor por todo el mundo.

El pulmón de la Tierra lleva tres semanas consecutivas ardiendo. Hay unos 30.000 incendios activos, y solo en los últimos siete días los satélites han registrado 9.500 nuevos. El estado brasileño de Mato Grosso es el más afectado, con más de 13.000 focos. El pasado lunes São Paulo oscureció a eso de las tres de la tarde, y no porque el ocaso se adelantase: la densa nube de humo que cubre parte del país eclipsó al sol. En lo que va de año se ha alcanzado una cifra récord de incendios forestales en Brasil, con 72.843 fuegos, un 83 % más que en el 2018.

A pesar de que la intensa sequía que se prolonga desde hace meses puede estar influyendo en la actual crisis medioambiental, la peor que sufre Brasil en los últimos siete años, no se puede obviar el efecto Bolsonaro. Muchas actividades, como la minería ilegal, están deforestando la selva amazónica amparadas por las políticas del presidente, un reconocido negacionista del cambio climático.

El retroceso de la vegetación superó en el último año los 5.000 kilómetros cuadrados. Lejos de mostrar empatía con la situación actual, Bolsonaro ha dicho que los incendios son obra de las oenegés. Su actitud ha llevado a países como Alemania o Noruega a suspender las ayudas destinadas al Fondo Amazonia, dedicado a su protección.

Efectos en el clima mundial

Para un gallego, el fuego que avanza ahora mismo sin control por la mayor selva tropical del mundo puede parecerle un evento lejano que no tiene ningún tipo de efecto a este lado del Atlántico; pero piense en el verano tan inestable de este año. La atmósfera es la capa de gases que envuelve a la Tierra y no entiende de fronteras. El dióxido de carbono que se emite desde un lugar situado a miles de kilómetros de la comunidad gallega actúa intensificando el efecto invernadero, que provoca que la temperatura media aumente. El calentamiento global provoca, por ejemplo, que la corriente en chorro se debilite. Si Galicia queda en la parte descendente de uno de sus meandros en pleno período estival, el anticiclón no consigue remontar. Así es como un mega incendio en Brasil puede fastidiarle las vacaciones y generar un tiempo extremo en cualquier otro lugar del globo. Sin olvidar el daño que produce sobre la biodiversidad, una de las más ricas del mundo. 

Incendios activos en la selva amazónica
Incendios activos en la selva amazónica

La selva amazónica, como los océanos, actúa, además, como un enorme sumidero de CO2. Se trata de un aliado natural ya que impide que buena parte del dióxido de carbono que emiten las actividades humanas termine en la atmósfera. Algo que solo intensificaría todavía más el cambio climático. Sin embargo, en estos momentos está haciendo justo lo contrario, liberar toneladas de dióxido de carbono.

La crisis del Amazonas se suma a un evento reciente que también puede ayudar a desestabilizar el sistema climático de la Tierra. El pasado mes de julio se registró en Groenlandia una pérdida masiva de hielo sin precedentes. Más allá de los efectos sobre el nivel del mar, la liberación de grandes masas de agua dulce al océano también altera las corrientes marinas. El clima del planeta es hoy un poco más inestable que ayer. 

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