El ictus: el enemigo que más mujeres mata en España

El año pasado se registraron 15.382 muertes por esta causa, la primera en la población femenina


colpisa/ madrid

Cada seis minutos se produce un ictus en España. Una enfermedad que ataca al cerebro y que se ceba especialmente con las mujeres. Tanto que es el principal enemigo de la salud de las españolas: ninguna otra circunstancia provoca más muertes entre ellas. Según los datos ofrecidos ayer por el Secretario General de Sanidad, Faustino Blanco, el año pasado se registraron 15.382 fallecimientos. Más que los provocados por cáncer de mama, por infartos o por el alzhéimer. Los hombres tampoco quedan bien parados en este retrato: el ictus es la tercera causa de muerte entre ellos. Pero la importancia del cuidado del cerebro no está tan presente en el colectivo imaginario de la población.  Otros órganos, como el corazón, ganan esa partida. Juan Carlos Portilla, neurólogo vocal de la SEN, reconoce que es ahora cuando los especialistas están «haciendo el esfuerzo de comunicar a la sociedad» la importancia de prestarle más atención a este órgano vital.

Desconocimiento general

Para ello se celebró en octubre la Semana del Cerebro y el próximo día 29 se fijó como Día Internacional del Ictus. Cualquier iniciativa en este sentido resulta poca si se tienen en cuenta los datos que arroja la encuesta Ictus y mujer', realizada entre casi 400 personas, entre pacientes y cuidadores, con la información recabada en 30 hospitales, presentada ayer por la SEN y 'Freno al ictus'. «Existe un gran desconocimiento» sobre la enfermedad -un 15% no sabe qué es un ictus-, pero también de sus factores de riesgo. A pesar de que el 90% de los casos registrados «se puede prevenir», la población no sabe cómo hacerlo. Tal y como señala María Alonso de Leciñana, neuróloga miembro de la SEN y coordinadora de la citada encuesta, un 30% de los afectados por un ictus desconoce cómo evitarlo. La gran lucha de los médicos se centra en frenar los factores de riesgo clásicos. A saber: la hipertensión, colesterol alto y diabetes debido a una dieta inadecuada, tabaquismo -y consumo de otros tóxicos como el alcohol-, el sedentarismo y el sobrepeso. Circunstancias que no todos los pacientes reconocen como peligrosas. «El 22% de los encuestados, por ejemplo, no reconoce el tabaquismo como un problema», destaca la coordinadora de la encuesta.

Principales riesgos

A estos viejos conocidos ya citados se suman el estrés y la contaminación. Los hábitos de vida actuales, sobre todo en entornos urbanos, también juegan en contra de la salud del cerebro. Juan Carlos Portilla explica que altos niveles de estrés crónico se asocian a «una serie de alteraciones hormonales que pueden afectar al cerebro, así como a un empeoramiento de otros riesgos vasculares o cerebrovasculares ya conocidos como la hipertensión o la glucemia. Ambos factores en sí mismos, de riesgo cerebrovascular». La hipertensión merece capítulo aparte, de nuevo especialmente entre las mujeres. 174 de cada mil pacientes registradas en centros de salud españoles presenta problemas de tensión alta. En cuanto a la polución en el aire, estudios muy recientes han demostrado que influye de forma directa en la calidad vascular, lo que podría afectar al buen funcionamiento cerebral a largo plazo.

A pesar de los estragos que causa en la población, aproximadamente la mitad de los pacientes no sigue las recomendaciones generales sobre hábitos de vida cerebrosaludables. «Y aunque estos mejoran tras el ictus, hasta uno de cada tres sigue sin seguir las recomendaciones», apunta Leciñana. La buena noticia es que el deterioro del cerebro, y con ello los accidentes cerebrovasculares, se puede prevenir. José Miguel Láinez, vicepresidente de la citada sociedad de Neurología, aporta un dato al respecto: «Si controlas el 100% de los factores de riesgo, puedes reducir en un 50% el daño». En este caso habla tanto de la atrofia que puede sufrir el cerebro con la edad, si no se mantiene una vida intelectual y físicamente activa, así como del riesgo vascular, directamente relacionado con el ictus. Está demostrado que la aparición de los daños propios de la edad pueden retrasarse. Ahora bien: hay que actuar pronto. «Hay que mejorar los hábitos en las etapas medias de la vida. A partir de los 40 años», apunta Portilla. Aunque la media de edad de los paciente registrados es de 65 años, los expertos recuerdan que las personas jóvenes no están tampoco libres de padecer un ictus. La encuesta sobre el conocimiento general de la población afectada por la enfermedad arroja otro dato muy revelador para entender el trabajo que queda por hacer: «Sólo un 66% de los encuestados llamaría al 112 ante los síntomas de un ictus y sólo un 11% sabría identificar cuáles son».

 Culpables aún por conocer ¿Por qué la enfermedad se ceba más en las mujeres?

Los neurólogos expertos en ictus señalan que existe un factor hormonal que convierte a las mujeres en blanco de esta dolencia, pero a la vez reconocen que algo se les escapa para dar una explicación clara: «no se conocen todas las causas» de esta realidad. Lo que sí se tiene claro es que, también por su condición física, las mujeres sufren peores secuelas que los hombres cuando son víctimas de un accidente cerebrovascular, ya sea causado por un trombo o por un derrame, como comúnmente es conocido. Además, la encuesta realizada por 'Freno al ictus' y la SEN destaca que las mujeres son víctimas por partida doble: como pacientes directas y como cuidadoras, ya que los datos revelan que sólo el 17% de este último colectivo retomó su actividad cotidiana pasados tres meses del accidente cerebrovascular sufrida por la persona que tiene al cargo.

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