Convivir en el lugar más aislado del planeta: «Las normas deben ser consensuadas por el equipo»

En el lugar más inhóspito de la Tierra el móvil está prohibido durante las comidas y todo el personal colabora en la limpieza. «Las normas absurdas son contraproducentes», advierten

El comandante Joaquín Núñez es el jefe de la base Gabriel de Castilla, situada en la isla antártica de Decepción
El comandante Joaquín Núñez es el jefe de la base Gabriel de Castilla, situada en la isla antártica de Decepción

Encerrarse en casa sin tener la posibilidad de salir al exterior y sin saber cuánto durará el confinamiento representa todo un desafío para millones de personas en estos momentos. Aislarse puede conducir a alteraciones en el estado emocional. Además, una convivencia forzosa tan intensa es capaz de llevar al límite la paciencia de cualquiera y la probabilidad de que surja un conflicto en el seno familiar aumenta considerablemente. En este escenario hay que escuchar a los expertos.

Quienes más saben de aislamiento, de convivir en espacios reducidos, con pocos recursos, durante meses y lejos de la civilización son los responsables de la campaña antártica española. «Es importante diseñar una rutina y realizar una actividad que realmente te motive, como estudiar o aprender algo nuevo. Todos tenemos, además, asuntos pendientes de cualquier naturaleza, por pequeña que sea. Ahora es un buen momento de ponerse manos a la obra», asegura Alfonso Caínzos, contramaestre del buque oceanográfico Hespérides, encargado de la logística.

Para Alfonso Caínzos, contramaestre del buque oceanográfico Hespérides, distraerse con una película es fundamental
Para Alfonso Caínzos, contramaestre del buque oceanográfico Hespérides, distraerse con una película es fundamental

Este coruñés pasa a menudo meses dentro del barco navegando por las hostiles aguas del extremo sur del planeta y sin rastro de tierra y actividad humana. «Hay que ser estrictos. Sin una disciplina es casi imposible. A veces improviso, pero luego noto que voy sin rumbo. Me gusta planificar el día siguiente. Y, por supuesto, siempre resultan beneficiosos los momentos de ocio, como ver una película», señala.

En cualquier día de la base científica Juan Carlos I, situada en la isla antártica de Livingston, hay tres momentos sagrados: el desayuno, la comida y la cena. Retrasarse un minuto no es una opción. «La disciplina es importante, pero una que realmente la gente se pueda creer. Las normas absurdas son contraproducentes. Sin embargo, si todos los miembros de un grupo se ponen de acuerdo para establecer unos códigos, al final la gente los defiende y obliga al resto a cumplirlos», asegura Joan Riba, jefe de la base que gestiona la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Riba tiene claro dónde reside el éxito para una convivencia pacífica. «La clave es formar un equipo y que nadie se quede fuere, o de lo contrario no funcionará», advierte.

En el lugar más aislado de la Tierra, donde Internet falla casi siempre hay que mimar cada momento para que todo fluya naturalmente y evitar cualquier estado de ansiedad. La alimentación, siempre importante, adquiere una nueva dimensión. «Intentamos involucrar al personal en la elaboración de los alimentos. La cocina está siempre abierta para que todos puedan participar. Esto ayuda a que puedan abstraerse de su realidad limitada. Aquí la comida no solo alimenta, sino que también sociabiliza», comenta el cocinero Dani Cortés.

José Luis y Teo, meteorólogo y médico de la base Juan Carlos I durante el turno de limpieza
José Luis y Teo, meteorólogo y médico de la base Juan Carlos I durante el turno de limpieza

Hay algo que también favorce un espíritu de grupo: todos hacen de todo. Desde el médico, los científicos y hasta los jefes de las bases se organizan en turnos para montar y recoger el comedor. «Permite romper monotonías y ponerse en el lugar del otro. Siempre resulta muy enriquecedor», apunta Riba.

Los juegos de mesa en Juan Carlos I son uno de los entretenimientos favoritos. En la imagen, Joan Riba, jefe de la base antártica observa como parte del personal juega al Backgammon
Los juegos de mesa en Juan Carlos I son uno de los entretenimientos favoritos. En la imagen, Joan Riba, jefe de la base antártica observa como parte del personal juega al Backgammon

En la base Gabriel de Castilla, en la isla Decepción, que gestiona el Ejército de Tierra, la limpieza incluye todo el módulo de vida y no solo donde se come. Después de pasar por esta tarea, el personal se lo piensa dos veces antes de generar más basura de lo necesario y genera un ambiente de solidaridad. En este espacio en el que conviven militares y científicos el móvil está prohibido durante las comidas. «Creo que en las comidas debemos dedicarle tiempo a quien tenemos enfrente para conocerle un poco mejor, empatizar con los problemas que pueda tener, aprender de su trabajo... y mejorar en definitiva la convivencia con esos que tienes que compartir un espacio limitado durante tanto tiempo», sostiene Joaquín Núñez, jefe de la base. El día termina, además, con una reunión en la que cada uno explica qué ha hecho. «A nadie le gusta ir a decir que no ha hecho nada. Eso no es de buen compañero porque siempre hay apoyos que dar. Se ponen de manifiesto los agradecimientos en muchos casos por los apoyos recibidos», termina Núñez. 

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