¿Por qué hay jóvenes sanos que acaban en la uci por covid? La clave está en el interferón

Hasta el 15 % de las formas más graves de la enfermedad se asocian con problemas genéticos e inmunológicos que provocan un mal funcionamiento de nuestra primera defensa contra el virus. El 12,5 % tienen anticuerpos que boicotean su propio sistema inmunitario


redacción / La voz

El covid-19 cursa en la mayoría de los casos como una enfermedad leve, pero nadie está a salvo de ser ingresado en la uci con graves complicaciones. Ni siquiera los jóvenes sanos y deportistas. Por qué esto ocurre todavía sigue siendo en buena parte un misterio, pero la ciencia ha empezado a ofrecer las primeras respuestas. Lo acaba de hacer de la mano de la genética y de la inmunología. Y en ambos casos la causa asociada a una mayor gravedad de la infección por SARS-CoV-2 es la misma: el interferón. O, mejor dicho, se debe a un déficit en el funcionamiento de estas proteínas producidas por las células inmunitarias y que constituyen la primera línea de defensa del organismo frente a los virus. Si esta muralla natural falla, el coronavirus campa a sus anchas.

El mal funcionamiento de la vía del interferón es el responsable de al menos el 3.5 % de los casos graves de la enfermedad en personas jóvenes, de menos de 50 años, y sin ninguna patología previa de base. Es la conclusión a la que han llegado dos estudios publicados en la revista científica Science fruto de la colaboración internacional impulsada por el consorcio Covid Human Effort, en el que participan 500 hospitales y laboratorios de todo el mundo. En total se ha analizado la secuencia genética de 1.200 pacientes, de los que al menos 300 se han realizado en España en un esfuerzo liderado por el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Bellvitge y del Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG), que se encargó del análisis del genoma de los pacientes, aunque también participaron especialistas del Instituto de Investigación Vall D'Hebron y hospitales de toda España que aportaron las muestras.

El consorcio internacional encontró en los genomas de los pacientes graves analizados una alta frecuencia de mutaciones genéticas en ocho genes importantes en la respuesta inmune contra los virus, la bien conocida vía del interferón, mientras que un grupo similar de pacientes asintomáticos o leves no tenían estas mutaciones. Estas variaciones genéticas lo que provocan es el bloqueo de la respuesta del interferón contra el virus.

Este trabajo, supone de hecho, la primera gran prueba de cómo la susceptibilidad genética de un individuo influye en la gravedad del covid-19. «Estas mutaciones no fueron producidas por el virus, sino que ya estaban en el genoma de estos individuos, que no tenían ningún problema hasta que fueron infectados. Eran jóvenes sanos como una rosa que acabaron en la UCI», explica Aurora Pujol, genetista e investigadora Icrea en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Bellvitge, que ha participado en el trabajo.

Es más, los investigadores han planteado la hipótesis de que el bloqueo de los interferones en pacientes que tengan la susceptibilidad genética solo ocurre con la infección por SARS-CoV-2. No sucede igual, o al menos no se ha observado, ni con otros coronavirus ni con otros virus como el de la gripe.

El segundo estudio, publicado también en Science, que incide en el papel del mal funcionamiento de los interferones asociado a los casos más graves de la enfermedad, viene de la mano de la inmunología. En este trabajo, con participación también del Instituto de Investigación del Sida IrisCaixa, se ha encontrado que un 12% de los pacientes masculinos que desarrollan una forma severa de covid-19 estarían generando anticuerpos contra su propio interferón. Este fenómeno reduciría la actividad de las citoquinas producidas para combatir el virus, lo que causaría un efecto similar al de las mutaciones en jóvenes.

«En este caso lo que vemos son a unos pacientes cuyos anticuerpos, en lugar de atacar el virus, bloquean sus propios interferones. Y estos pacientes también tenían antes este tipo de anticuerpos, no se han desarrollado por la infección, y aún no sabemos por qué», explica Aurora Pujol.

A la vista de las conclusiones coincidentes de ambos estudios, que confluyen en la misma clave aunque llegan por diferentes caminos, la genetista lanza una advertencia: «Nadie está a salvo de acabar en la uci. Puedes ser un deportista, joven y sano y acabar en la uci sin tener ningún problema anterior».

El mayor conocimiento de los mecanismos que desencadenan una mayor gravedad de la enfermedad también tendrá implicaciones clínicas. Primero podría identificarse a los pacientes que presentan susceptibilidad inmunológica y genética a un peor funcionamiento de la vía del interferón, tanto mediante un estudio de autoanticuerpos como mediante un análisis genético que examine las mutaciones en genes seleccionados. Luego, si se comprueba una deficiencia en esta primera vía de defensa antiviral, se podría administrar a los enfermos interferón, un fármaco que se utiliza habitualmente en tratamientos para la hepatitis C o el cáncer.

«La idea -apunta Aurora Pujol- es que a corto o medio plazo podamos iniciar ensayos clínicos en pacientes con defectos en la producción de interferón, ya sean por causa genètica o por causa de sus propios anticuerpos, para comprobar el posible beneficio de la administración de interferones precozmente en estos casos».

La investigadora también está convencida de que en poco tiempo se obtendrán más datos genéticos asociados a una mayor o menor susceptibilidad a sufrir las formas graves de la enfermedad, lo que subraya la importancia de aplicar criterios de medicina del siglo XXI, criterios de medicina personalizada. «Esto -asegura- es solo el principio. Y este es un mensaje importante, la comunidad científica siempre colabora, pero ahora con el covid mucho más. El reto del covid nos ha empujado a colaborar aún más y mejor, porque es una situación de emergencia social y sanitaria que ha movilizado recursos Internacionales para la investigación, y cuanto más datos se ponen en común, más rápidamente podemos llegar a conclusiones sólidas. Esto es especialmente cierto en los estudios de medicina genòmica. Nuestros pacientes recogidos en hospitales de toda España participan también en el gran proyecto que se lidera desde Galicia por Ángel Carracedo, que estudia la susceptibilidad genética en más de 10.000 pacientes. Esperamos resultados muy pronto».

La obesidad mórbida puede multiplicar por 14 la gravedad de la enfermedad

El riesgo de experimentar complicaciones graves de covid-19 se multiplica por 14 en personas con obesidad mórbida menores de 50 años, según indica un estudio del Ciber de Epidemiología y Salud Pública (Ciberesp).

En el trabajo, que se ha publicado en Obesity, se analizó la población navarra de entre 25 y 79 años. Los investigadores se plantearon si el hecho de tener obesidad mórbida incrementaba el riesgo de experimentar covid-19 grave, y en tal caso, si variaba en función de la edad, género o presencia de otras patologías. Para ello, compararon el riesgo de ser hospitalizado por este coronavirus, así como para experimentar complicaciones graves de la enfermedad, tal como el hecho de tener que ser atendido en uci o incluso morir, de las personas con obesidad mórbida con respecto a las demás. Se observó que las primeras tenían el doble de riesgo de tener que ser hospitalizadas y también se multiplicaba por dos el riesgo de sufrir complicaciones graves.

Entre todas las personas con obesidad mórbida, se vio que aquellos que eran menores de 50 años tenían un riesgo notablemente superior en comparación a otras de su misma edad sin exceso de kilos: cinco veces más de probabilidades de ser hospitalizados por covid-19 e incluso 14 veces más de experimentar complicaciones graves de la enfermedad.

Este mayor riesgo atañía tanto a hombres como a mujeres, independientemente de si tenían o no otras patologías.

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r. romar

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¿Es posible que la configuración genética de determinadas personas las conviertan en totalmente inmunes al coronavirus? Es raro, pero sí es algo perfectamente factible. Y si a una persona en particular le diagnostican covid-19 e ingresa incluso en el hospital, ¿qué riesgo tiene de desarrollar un tromboembolismo?, ¿o una tormenta de citoquinas que desencadene en un proceso de hiperinflamación?, ¿o de quedarse incluso sin el sentido del gusto o el olfato? La respuesta no está solo en el virus o en la carga viral que infecte a cada persona, sino también en el huésped. O, lo que es lo mismo, en nuestro propio ADN.

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