Las primeras Navidades de Abraham, el bebé más pequeño nacido nunca en Galicia
SOCIEDAD

El niño, que permaneció cinco meses hospitalizado, pesó 393 gramos tras un embarazo que apenas duró 26 semanas
16 dic 2024 . Actualizado a las 16:13 h.El domingo 22 de diciembre, cuando los niños de San Ildefonso escruten las bolas de la Lotería de Navidad, Abraham habrá cumplido un mes exacto desde el momento en el que pudo dormir por primera vez en su casa de Cornazo, en Vilagarcía de Arousa. «Es el sorteo, pero a nosotros ya nos ha tocado el Gordo, porque esto es un milagro auténtico», reconoce Ricardo Giménez, el abuelo de la criatura, un hombre risueño que, a sus 47 años, acuna a su primer nieto, hijo de su hijo Luis Miguel y su pareja, Noemí Gabarre, que con apenas 19 y 18 años son unos críos a quienes la vida ha sometido a una prueba estremecedora. Abraham nació el 3 de julio en Pontevedra tras un período extraordinariamente corto de gestación —solo 26 semanas, cuando un embarazo normal dura entre 37 y 42— y un peso ínfimo: 393 gramos, no mucho más que un buen tazón de cacao con leche, lo que lo convierte en el bebé más pequeño alumbrado jamás en Galicia desde que existen registros. Es probable que también haya batido un récord en España.
Ocho días después de su nacimiento, el niño fue trasladado a la unidad de neonatos del Hospital Clínico-Universitario de Santiago. «Tendría que haber nacido el 3 de octubre, era muy pequeñín y necesitaba los cuidados que solo le podían dar allí», añade Ricardo. Noemí, su madre, que había sido derivada desde A Coruña, de donde es oriunda, hasta Vilagarcía, donde ha emparentado con los Giménez, padecía un hematoma que acabó precipitando el parto e hizo temer a todos lo peor. «Nosotros solo podemos estar agradecidos al equipo médico de O Salnés que nos envió enseguida a Pontevedra, al personal del Provincial y a la gente que trabaja en la unidad de Santiago, porque nos han dado un trato espectacular», subraya Luismi en la fría mañana de diciembre en la que relata la historia de su joven familia. Allí, en Compostela, el pequeño Abraham permaneció ingresado durante cuatro meses y medio. Hasta el 22 de noviembre, el día en que sus padres pudieron traerlo por fin a casa.


El calor de una estufa de leña espanta los rigores invernales, que han tardado pero ya están aquí. En la vivienda de los Giménez, donde los padres de Abraham conviven de momento con sus abuelos paternos, el ambiente es cálido. El bebé se despereza, reclama sus cuidados y se aferra con apetito a un biberón. «Pesa ya tres kilos y está fenomenal», apunta Ricardo mientras lo coge de nuevo en brazos. El chaval se acomoda en su regazo y pestañea a un paso del siguiente sueño. Se nota que está cómodo. «Al día siguiente de nacer bajó a 360 gramos, pero después todo fue yendo bien. Con todos los tubos no pudimos verle la cara hasta los dos meses y medio», explica Luismi. Aunque la máquina continuó ayudándolo un tiempo, cuando alcanzó los setecientos gramos ya era capaz de respirar por sus propios medios. «Es un campeón, fíjate que ha aguantado ya dos operaciones por unas hernias inguinales. Ya nos decían allí que tenía que darles sangre a los demás».

La evolución es positiva, los resultados de las pruebas que se le están practicando son buenos y aquí, en el poblado de Cornazo, se preparan para celebrar «las mejores Navidades del mundo». La casa está llena de ropa y regalos para Abraham. O Javi, como lo llaman en familia, porque le han puesto como apodo el nombre de su padrino, un hombre que siempre los ha ayudado en su negocio de venta ambulante de calzado. Eso sí, en lugar de panxoliñas es probable que suene flamenco. «Al niño le gusta ya Camarón; es que hay cosas que se llevan en la sangre», desliza el abuelo, orgulloso, mientras guiña un ojo.