MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE/U-571 El recuerdo de las viejas películas de comandos vuelve con fuerza en «U-571», contundente reivindicación de la variante de «hazañas bélicas» que nutrió el cine de aventuras llegado de Hollywood a partir de los años cuarenta. Jonathan Mostow reivindica el cine de género sin caer en el pastiche ni en la complacencia. Dejemos los prejuicios en casa y corramos a verla.
16 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Aunque refleja hechos reales, no se trata ni de una recreación puntillosa de los mismos ni de un filme coyuntural y oportunista (se filmó un año antes de la reciente tragedia del Kursk). Ni siquiera afecta al suspense o a la intriga. El guión está tan bien estructurado y tensionado, que aún conociendo la importancia histórica que el logro del código Enigma tuvo para la marina aliada, la película engancha hasta el final. En buena parte gracias a no administrar los tópicos y a jugar con un elemento tan sugerente dramáticamente como el interior de un submarino en lo que tiene de espacio cerrado y único, donde los personajes juegan un papel fundamental. De su diseño y de su dosificación, junto con el acierto en el reparto (encabezados por un reivindicado Matthew McConaughey y el siempre magnífico Harvey Keitel, entre otros) y del cuidado en la ambientación, depende el resultado. Mostow acertó de cabo a rabo aún estando limitado por las características de un subgénero que juega con elementos ahora muy cuestionados como el heroismo, el valor o el militarismo. Es una de guerra, contada con precisión y habilidad, en la que se pueden rastrear las huellas de Aldrich, de Fuller e incluso de Walsh o del serie B bélico que tan excelentes resultados arrojara en los años cincuenta. Pero sin épica ni fanfarria patriotera. Obviamente eso llega a la butaca y eleva en varios puntos el trabajo de Mostow, un director a no perder de vista.