Miles de jóvenes llenaron de calor los conciertos musicales celebrados este fin de semana en Arzúa El festival de rock y folk que se organiza alrededor de la Festa do Queixo de Arzúa tiene algo de feria, como no podía ser menos. Y es que la variedad de su cartel atrae a un mosaico humano de lo más variopinto. Desde hippies transnochados a heavies melenudos, sin faltar las pandillas que calentaban motores a base de botellón o los feirantes que aún deambulaban perdidos a la hora del ocaso. Sin embargo, todos fueron uno cuando los altavoces vibraron con los primeros sonidos. Todo un espectáculo que hace de este festival de música, con casi treinta años de solera, un evento muy especial donde tradición y modernidad son una misma cosa.
03 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La encargada de abrir el cartel, ayer por la noche, fue Mercedes Peón, todo un lujo sobre el escenario a pesar de su corta trayectoria discográfica. A ella le correspondió la difícil tarea de caldear el ambiente cuando aún no había anochecido. El público y el tiempo estuvieron un poco fríos al principio, pero cayeron completamente seducidos a partir del quinto tema, el de Mareas vivas. La artista gallega demostró un gran poderío sonoro, con una sección rítmica propia de una formación rockera en la que el bajo y la guitarra cobraron especial protagonismo; y sobre todos los instrumentos la voz estremecedora de Mercedes, sólo acallada por los aplausos. Lástima de la brevedad de la hora a que se vio limitada su actuación. La maestría de Junquera Cogió el relevo Kepa Junquera, con un concierto tranquilo y acústico en el que se notó más el peso de la tradición. El músico vasco volvió a demostrar su maestría con el trikitixa en un repertorio instrumental en el que se hizo notar la base rítmica de la txalaparta, que coloreó los temas con su pátina de primitivismo. Cerca de la medianoche, la cita se trasladó al campo de la feria. Se necesitaba espacio para la descarga rockera a cargo de Sex Museum y Mojinos Eskozíos. Ambos volvieron a hacer gala de unas guitarras con la distorsión caraterística del heavy metal, y de un sonido propio que se niega a ser encasillado dentro de esta etiqueta musical. Sex Museum tocó varios temas de su último disco publicado, Sum, mientras que los Mojinos Eskozíos levantaron los ánimos de los más somnolientos con su música atronadora y sus letras cargadas de burla y desparpajo. Una año más, el queso fue una inmejorable excusa para llenar Arzúa, por un fin de semana, de buen rollo y decibelios.