Más de 600 planos del millar de la totalidad de la película están realizados con tecnología digital en una cinta que mezcla animación con personajes de carne y hueso, y que no llega a las pantallas bajo pabellón norteamericano. Otra de las curiosidades de El rey de la granja es que confirma la línea de constante superación del terreno de la animación en España. En este caso el éxito hay que atribuírselo al cine vasco como el año pasado sucedió con Galicia y El bosque animado . Sobre un presupuesto de dos millones de euros (cantidad risible si la comparamos con las astronómicas cifras manejadas por Hollywood en este terreno), los realizadores Gregorio Muro y Carlos Zabala contaron con la colaboración de numerosos famosos del País Vasco (sobre todo de la televisión), que participaron en la película casi desinteresadamente. Entre ellos, Karlos Arguiñano, Mar Saura y Javier Martín. El conocido cocinero encarna a un viejo rockero chiflado que, acompañado de un niño, colaborará con el «rebelde» Kirik, un sondako (del asteroide Sondak), que llega a la Tierra a buscar aliados a favor de su causa. Para ello se convertirá en un gallo de dibujos animados. Kirik aterriza en una granja escuela de montaña y allí ideará su plan. Uno de los mayores retos afrontados por los realizadores fue la combinación de las tres dimensiones de los personajes humanos con las dos dimensiones de la animación. De los mil planos que tiene la producción, más de seiscientos tienen tratamiento digital. El sonido también se ha sometido a un tratamiento especial y ha sido creado expresamente para las imágenes de la película. El efecto final lo remata la música original, interpretada por una orquesta sinfónica. Su destinatario es el público familiar, intentando aprovechar la coyuntura de la muy escasa oferta cinematográfica que el verano trae para los más pequeños.