LA PRIMERA lo da en directo por la mañana en un especial de tres cuartos de hora para arropar el encierro del día que sale a las 8 en punto desde Santo Domingo a la Plaza de Toros. Ayer duró 2 minutos y medio, al parecer demasiado tiempo para lo que se estila. A poco que se descuiden los organizadores, llegará el momento en que no quede sitio para correr cabestros y mozos, de tan masificada que está la fiesta. El resto del tiempo televisivo consiste en publicidad de Navarra, la repetición de la carrera y el anecdotario con los momentos más espectaculares. Los Sanfermines arrasan, sobre todo entre los guiris desde que Hemingway los convirtiera en referente icónico, sinónimo testosterónico, visita obligada de turistas colgados por la adrenalina. Pero también están en el ojo del huracán, complicados de asimilar para quienes ven absurdo correr ante un toro que te puede meter un asta por cierto lugar del cuerpo... Que los servicios de urgencia sanitaria sean parte del cotarro para recoger a heridos varios, tiene mucho de barbarie. Por eso no extraña que por Pamplona se pasen los de PETA (People for the Ethical Treatment of Animals), nada entusiastas con el maltrato a unos bichos destinados a morir ante un torero. La Primera hará bien realzando la fiesta, pero sépase que sus esencias no parecen del XXI.