Los académicos plantean el reto de que el español se use en las esferas de poder
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César Antonio Molina aboga por una mayor presencia en el mundo científico y económico Cristina de Kirchner cree que el congreso de Rosario fue «la concreción de una utopía»
21 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«Fue la concreción de una utopía», con esta frase definió el resultado exitoso del Tercer Congreso Internacional de la Lengua, quien fuera presidenta honoraria, la senadora Cristina Fernández de Kirchner. La primera dama argentina tuvo a su cargo el discurso final del encuentro para lo que aclaró que no hablaba desde lo académico ni lingüístico, sino desde la representación institucional, donde «la palabra constituye una obligación y un mandato moral, en un ámbito en el que muchas veces no sucede la coincidencia entre el significado, la promesa de la palabra y la realización concreta de los hechos». «Podemos hacer las cosas» Añadió que frente «a una sociedad tan castigada como la nuestra en cuanto al incumplimiento de promesas y de palabras, con tanto descreimiento, este día que culmina hoy (por ayer) tiene algo más que el valor académico, el valor lingüístico, tiene el valor de que podemos hacer las cosas y las podemos hacer bien». Las plateas del teatro El Círculo en la ciudad de Rosario, donde se desarrolló el congreso, estaban repletas de un público tan feliz como los organizadores en el que, a juicio del presidente de la Real Academia, Víctor García de la Concha. «Hemos puesto en marcha una idea: que la identidad es el fruto de una suma de identidades. Han salido potenciadas dos cosas: la conciencia de que, puesto que la lengua la hacemos entre todos, todos nos necesitamos para hacerla, siempre porosa, siempre abierta». Por su parte el titular del Instituto Cervantes, César Molina, anunció que «el paso siguiente sólo puede ser uno: conseguir que el siglo XXI sea el siglo del español». Molina dijo que para que se asiente como «la indiscutible segunda lengua de comunicación internacional, resulta imprescindible que se convierta en indispensable medio de intercambio científico y económico». Más allá de los discursos de despedida, están las conclusiones no leídas, como el compromiso de trabajar para lograr una lengua común y diferenciar este concepto del de «lengua única». Valorizar el idioma y sentirlo como una herramienta para 400 millones de hispanohablantes. Y tal vez, lo más importante, es que se ha hablado mucho de la importancia de llevar la educación a los pueblos postergados por políticos que prefieren la marginación cultural de sus habitantes para mantener el monopolio de las ideas.