CRÍTICA MUSICAL
22 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La relación de Tomatito con su guitarra parece una fusión biológica. Como todo lo que hacen los genios, el músico es de los que pueden derrochar virguerías sin descanso, sin alardear ante el público de lo difícil que es hacer lo que está haciendo, algo de lo que pecan muchos artistas adictos al histrionismo. En Vigo, Tomatito, acompañado por un aplicado sexteto, ofreció un recital generoso en ritmo que no decayó ni cayó en la rutina. El tiempo voló sobre las cuerdas de la guitarra del almeriense (aunque algún despistado quisó animar el cotarro con un ¡Viva Sevilla! fuera de onda). El equilibrio fue el éxito. Diego Amador se lució con el bajo eléctrico y con el cante desde las entrañas. Bernardo Parrilla aportó el toque arabesco a las composiciones con su violín. Lucky Losada estuvo sobresaliente al cajón y Juan de Juan descargó miles de voltios con excesos de bailaor temperamental. El concierto fue un disfrute tanto para quien sea un flamencólogo con título como para quien sólo gusta de entretenerse con ritmos que abocan a las manos a encontrarse dando palmas aunque no quieran. El público habla: dice Gustavo que odia a esa gente que se pone a aplaudir en medio de las canciones. «Que aplauda quien sepa». Dice Jonás que no se aburrió ni un minuto y que hubo momentos de «¡guauu!». Augura Natalia que algún día no muy lejano le darán el Premio Príncipe de Asturias. Mientras, el teatro ruge: «¡Bravo!». Tomatito sexteto.