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27 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.A LAS televisiones les entró taquicardia con Internet. Suponen un target de consumidores que optan por mirar imágenes de manera individual, «a la carta», concibiendo el televisor casi como un incordio. A través del ordenador o del móvil, verán cualquier contenido del orbe cuando le venga en gana, por no hablar de las descargas por YouTube, Google Video, iTunes o cuanto les pete. Es más, para curarse en salud, analistas, agentes interesados o polemistas, atribuyen el fenómeno a los más jóvenes, los mejores jinetes del ciberespacio. Casi se aferran a la edad del potencial cliente para edificar sobre ellos, teorías que olvidan la simple condición humana. Servidor recuerda con asombro las palabras del cinéfilo José Luis Garci en los ochenta, afirmando la muerte del cine y dando su entusiasmada bienvenida al vídeo. Casi 30 años después, el cine sigue muy vivo y el vídeo es un soporte que está a punto de jubilar al DVD para abrirse al HD-DVD o el Blue Ray. Ahora bien, sin películas, nada. Películas, por cierto, que siguen llenando salas pese a la crisis inducida por la piratería. Pude comprobarlo el pasado fin de semana en Oporto con la obra maestra de Robert de Niro, El buen pastor, y en versión original subtitulada. Había mucha gente joven, seguramente adicta también a YouTube y al resto. Pero allí tocaba cine comodiosmanda. La tele también palpita aunque le salgan retoños, poderosos y globales. Tomándoselo a bien, claro, pues la gente todavía sueña, ríe, llora y conversa, pese a Internet y su periferia.