Si para algo ha servido el biopic sobre Isabel Pantoja de Antena 3 es para ponerla más de actualidad, porque lo que es el culebrón ya nos lo sabíamos de memoria, incluido el guion de frases simples como el diálogo con Julián Muñoz: «¿Me quieres, mi gitana? Más que a mi vida». Pero han bastado solo unos pocos días para que la audiencia se haya apantojado al máximo. Y si dice el clásico que del amor al odio hay un paso, del odio al amor hay solo una entrevista con Jorge Javier. Porque desde que Kiko Rivera, antes Paquirrín, la convirtió en supermadre en Supervivientes, España se ha rendido a la Pantoja.
Dicen las malas lenguas que todo se debe a una mano amiga, de periodista con nombre de mujer -que pronto dará el salto de Antena 3 a Telecinco-, que ha mediado para que Pantoja se haya dejado arrastrar hacia el lado oscuro de Jorge Javier. Y como la verdadera superviviente es ella, unos minutos con el presentador de moda y un biopic, y el lavado de imagen está hecho: el público se ha olvidado ya del caso Malaya y el mal rollo anterior. Así que gracias al medio, que sí es el mensaje, la antigua Pantoja se ha diluido, como aquel gato de Cheshire, en una gran sonrisa que masculla «dientes, dientes».