Se acabó la era Mad Men. Los fans saben que todavía hay dos temporadas por delante, pero el tedio ya se ha asomado a la ficción que nos hizo soñar con hombres Draper. Es un latigazo que duele, como antes fue el adiós a Carrie Bradshaw y su Manolos que nos vistieron de Cenicientas solteras. Pero se ha abierto una nuevo tiempo, un nuevo modelo de mujer que rompe absolutamente con todo lo anterior. Homeland llegará a Cuatro en breve y otra Carrie arrasará con el universo femenino conocido. De Homeland han dicho que es la serie favorita de Obama y el thriller más trepidante que ha existido en televisión. Está nominada al Globo de Oro de este año, pero su acierto es la cara de Claire Danes, la actriz que da vida a Carrie. Ella es la mujer esencial. Heroica, sensible, débil, obsesiva, perseverante en el trabajo y sin una sola capa de maquillaje. Una agente norteamericana capaz de perderse en el misterioso cuerpo del terrorista. Carrie despliega su pasión como un arma de destrucción masiva. Cae, pero no se hunde. Y sin embargo pierde el control. Es la nueva mujer. Una Casandra moderna. Sin transición, hemos caído en la era bipolar. Rige la euforia de otro canon estético y desaparecen los vuelos del tacón. Mad Men es el pasado. El futuro es Homeland. Una ficción inevitable.