Hoy vengo a hablarles de los tertulianos, esos seres sobre los que no se puede generalizar, pero que cogidos uno a uno hacen un papel relevante en la tele y que están jugando desgraciadamente un gran partido en todo esto que nos está pasando. Porque en estos días de desinformación por parte del Gobierno, de indignación y de babosadas, nos hemos quedado tan solos que los medios han hecho un sobreesfuerzo por contarnos minuto a minuto la realidad que nos asoma. Y nos asombra. Y nos espanta. Y es ahí donde los tertulianos «fijos» lo están dando todo a falta de nada. Claro que hay muchos que ponen sentido común y son guías por su clarividencia. Pero otros, y esos son los que importan, son hooligans del ruido, entrenados en un discurso devorador. Da igual que se hable de las palomitas de maíz que seguro tienen que ver con la coleta de Pablo Iglesias. Lo estamos viendo estos días. Tertulianos amaestrados en morder, en repetir que Teresa no confesó al médico que tenía ébola, que insisten en la seguridad de los trajes (desoyendo el testimonio de la «manga corta») o incluso algunos que con una simpleza total afirman que el edificio de Teresa «huele mucho a lejía» (?). La tele se nos ha infectado también con otro virus. Hoy seguro que alguno nos aleccionará: «Repita conmigo, el ébola lo causó ETA».