Una docena de aficionados siguieron el primer entrenamiento del Dépor
06 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La sonrisa de Valerón había aparecido por el túnel de vestuarios en los trece últimos veranos. Quizá al lado de Manuel Pablo, su amigo eterno, o de Juan Domínguez, el discípulo, o con alguno de los nuevos, como si de su mano se movieran más cómodos por los campos de Abegondo. Por eso, ayer, bajo el tórrido calor, con una temperatura en torno a los treinta grados, pese a que la sesión no comenzó hasta las siete menos cuarto de la tarde, una aficionada despistada no pudo menos que exclamar cuando el Dépor abrió la pretemporada: «¿Pero dónde está Valerón?»
Entre los quince esforzados que se entrenaron ayer a las órdenes de Fernando Vázquez había dos porteros, tres laterales derecho y ningún delantero, pero no figuraba el Flaco. Ahora el nuevo ídolo es Bruno Gama. Así rezaba la única camiseta deportivista con dorsal que desde la grada acompañó la vuelta al trabajo del Dépor. Y al portugués se le vio entonado.
Es conocido que terminó la temporada con goles decisivos para que el Dépor disputase la última jornada dependiendo de sí mismo, pero no se esperaba verle ya tan fino en el reencuentro con el balón. Antes de que se destacase como uno de los mejores en el test de aceleración marcado por el cuerpo técnico, Gama se sacó un violento zapatazo en un ejercicio de disparos a puerta y luego ofreció un par de asistencias de lujo en las pachangas finales.
Y es que los deportivistas no se separaron del balón en su primera jornada de trabajo. Pelotearon en el calentamiento e incluso corrieron con él de un campo a otro en función de las indicaciones del preparador físico, Manuel Pombo. Solo se separaron del esférico en las transiciones de ejercicios, esas ya tradicionales vueltas al trote de los futbolistas entre tarea y tarea, así como en el referido test de aceleración.
Esta prueba contra el cronómetro, que ya habían practicado hace unos meses, a mediados de abril, ya con Fernando Vázquez y sus colaboradores en A Coruña, consistió en dos carreras sobre una distancia de treinta metros. Los técnicos situaron tres líneas de células fotoeléctricas para marcar de modo exacto la salida y la llegada de sus futbolistas, así como su paso por los diez metros.
Tras hora y media exacta de labor, los sudorosos deportivistas volvieron al vestuario. Hoy les espera una nueva sesión a las nueve y media de la mañana. Otra vez sin el Flaco.