
Es un genio. Eso es lo primero que te dicen de Yeremay si preguntas por él. Con lo bueno y lo no tanto de esas personalidades únicas, tan odiadas por algunos entrenadores, tan veneradas por los aficionados. Descarado, con mucha clase, pero a la vez desordenado y ególatra.
Porque cuando un técnico en su formación le pedía que trabajara más tácticamente o que potenciase su físico, él les negaba con una sonrisa. Él ya se sentía el mejor. ¿Qué más querían? ¿Qué entrenador se iba a atrever a sentarlo en el banquillo, si cuando saltaba al campo ganaba los partidos él solo con regates y filigranas?
Así era Yeremay Hernández hasta no hace mucho. Un futbolista espectacular, con un uno para uno insólito, capaz de regatear a cualquier rival con un toque sutil en el último momento y de hacer una gran cantidad de caños durante un partido; pero a la vez irreverente y con una autoestima propia de a quien le han dado hecho todo en el fútbol desde muy pequeño. Conversaciones de ese tipo, y algunas otras parecidas, las tuvo el extremo canario a lo largo de su etapa de formación. Porque él siempre fue así. En Canarias, en el Real Madrid y en el Deportivo desde que Albert Gil lo reclutó en el último año de cadetes.
Pero algo parece haber hecho clic en la cabeza del jugador. El portazo que le dio Valerón en el Fabril, a comienzos de la temporada pasada (meses después lo perdonaría y volvió) y las suplencias con Óscar Gilsanz en partidos importantes (0 minutos en la Copa de Campeones) posiblemente contribuyeran al cambio. ¿Cómo era posible que el equipo juvenil ganara sin él? ¿Por qué todo el mundo hablaba ahora de Noel, Barcia o Trilli, si él era el mejor?
No es fácil para un jugador que se siente el sol sobre el que giran los planetas sentir que hay vida sin él. Y Peke parece haberlo aceptado, sin perder ese descaro sobre el campo. Su mundo se rige por códigos. Él solo respeta a quien le respeta. Y por eso ahora baja a jugar cada domingo con el Fabril, tras entrenarse toda la semana con el primer equipo, con una actitud sobresaliente, impropia del Yeremay de antaño. «Estamos educando a Peke en lo qué es ser profesional», reconoció Borja Jiménez. De sus condiciones futbolísticas no hacía falta hablar. Genio.