
Defiende el efecto de las charlas del pasado domingo: «Mejor a la cara, que somos adultos»
18 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Alberto Quiles Piosa (Huelva, 1995) es el máximo goleador de un Deportivo que ha perdido el olfato. El equipo lleva tres encuentros sin marcar, pero ese dista mucho de ser su único problema. Encara el tramo decisivo de la competición tras ofrecer su peor imagen en el Nuevo Vivero. «El inicio de semana fue complicado —admite el atacante—. Veníamos de varias jornadas en las que no nos encontrábamos y aún encima en Badajoz hacemos el ridículo. Al volver hablamos entre nosotros, insistiendo en que no puede volver a suceder».
—Esa frase está bastante desgastada en A Coruña. Y supongo que en Huelva, el año pasado, la pronunciaría y la escucharía varias veces también.
—Ya claro, pero es que si no, ¿qué dices? ¿Pasas por alto algo así? No podemos. Es cierto que yo viví un mal momento el año pasado, pero no tuvo nada que ver con este. Entonces luchábamos por no descender y esta vez peleamos por subir; situaciones totalmente distintas. Veo que efectivamente hay gente que está cansada y dice que todos los años escucha lo mismo por parte del equipo, pero es que el discurso no puede ser distinto. De estas situaciones solo se sale trabajando más y corrigiendo errores. Nadie aquí está en condiciones de señalar a nadie porque ninguno estamos rindiendo como deberíamos. Qué decir más allá de eso, de que todos debemos mirarnos el ombligo y reaccionar. Yo al menos no conozco otra manera.
—Fue la séptima derrota del curso, pero muy distinta al resto.
—Puedes perder cualquier partido. Cualquiera, en realidad. Porque en un partido hay accidentes. Lo que no puede ser es lo de Badajoz. Ahora volvemos a jugar y quizá lo hagamos bien, lleguemos siete veces y no logremos anotar, y la Cultural llegue una y marque. Qué vas a hacer ante eso. Pero es que el otro día fue otra cosa. Hicimos el ridículo y dimos pena. No hay que mentir a nadie, eso es lo que pasó. En el próximo habrá que cambiar y estar todos al máximo. Y luego podrá suceder como con el Real Unión, pero las sensaciones serán otras. La derrota es parte del juego, pero la falta de actitud, dar el partido por perdido en el minuto 47... No puede volver a pasar.
—¿Cómo se vive en el campo a partir de ese 2-0?
—Cuando salgo y nos meten el segundo siento que bajamos los brazos, que damos el partido por perdido y vemos imposible siquiera empatar. La realidad es que ahí tú haces un gol, en el minuto que sea, y al Badajoz lo vas a meter atrás. Pero nosotros ya lo habíamos dado todo por perdido.
—Sale en el descanso y apenas consigue intervenir. Se está viendo una diferencia importante, más allá de los números, entre el Quiles de Riazor y el de fuera.
—Es que tiene que haberla. Riazor es un campo de Primera, con un césped espectacular, con espacios, el ambiente... Es lógico que ahí me sea más fácil rendir.
—Menciona los beneficios del ambiente, pero no a todos les afecta así jugar en casa. En el Recre ya vivió cuánto puede pesar el runrun de la grada.
—Bueno, es que yo vengo de un año muy complicado. El año pasado en Huelva no había runrun, directamente la gente te decía de todo. Pero claro, es que el año pasado la liamos mucho. Esto no tiene nada que ver con descender dos categorías. Nosotros estamos buscando el ascenso directo y si no puede ser, pues ascender en los playoff. Luego, pues sabemos que este sábado la gente en la grada estará más tensa y quizá se escuche algo si la Cultural consigue hacernos alguna ocasión, pero tenemos que estar tranquilos. Si aquí en cuanto le das un poco a Riazor, Riazor responde. La presión aquí no puede ser nuestra, tiene que ser para el rival. Yo juego al fútbol con la ilusión de hacerlo en campos grandes. Estamos en uno y tenemos que disfrutarlo.
—En Badajoz, Borja Jiménez apostó por el rombo y no cuajó. Cambió en el descanso, y tampoco. ¿La credibilidad del míster queda tocada en días así?
—De verdad creo que eso no ha pasado. Si el míster tiene algo bueno es lo bien que lee los partidos. Hay cosas que trabaja durante la semana, que te dice en los entrenamientos, y tú piensas que no van a suceder luego en el campo. Pero suceden. Él entendió que el rombo era lo mejor contra el Badajoz y como no estuvimos bien, lo cambió. Pero eso no hace que dejemos de creer en él. Nos ha traído hasta aquí y la confianza es plena, estamos todos con él.
—Vuelven y hay una charla de la secretaría técnica y luego el entrenador cambia el tono del discurso. ¿Esas cosas funcionan?
—Yo esto lo he vivido como algo positivo. Prefiero que me digan las cosas a la cara. No me gusta que me den palmaditas, me digan que no pasa nada y luego me dejen tres meses fuera. Todo es mejor a la cara, que somos adultos. ¿Me vas a decir que el sábado no corrí? Pues claro, es la realidad, dimos pena. Te cae la bronca porque la imagen que has dado no la puedes dar. Y la asumes, intentas cambiar, y listo. Eso sí, también nos transmitieron que el club está con nosotros y que nadie nos va a dar de lado por un mal partido. Prefiero esto. Ahora, a seguir.
«Lo que peor llevo es no jugar»
El único refuerzo invernal del Dépor llegó para competir por la plaza que habitualmente ocupa Alberto Quiles. El andaluz asegura que esa es la menor de sus preocupaciones. «Lo que peor llevo es no jugar. Se me hace muy duro. A mí me da igual a quien fichen, para mi puesto o para otro. El puesto lo pelearemos, y hará que suba mi nivel, el de Álvaro y el del equipo. El tema es que a mí sin jugar me cuesta, sobre todo de cabeza. Ves que no sales al principio y que si te ponen de inicio eres el primer cambio, y entonces cuesta más. Sé que he hecho partidos malos, pero al final siempre me cae alguna. Intento dar al entrenador la razón de los goles, pero él pondrá a quien vea mejor para ganar cada partido. Y si no me ve óptimo... Aquí todos estamos capacitados».
—¿Cómo lidia con esas rachas en las que tiene menos minutos?
—Me enfoco mucho en no pensar nada negativo. No pensar, por ejemplo, «joder, otra vez que no juego». No obsesionarme, tampoco con el tema del gol, aunque eso me cuesta menos porque sé que tengo gol y que si llega la ocasión la voy a meter; porque si pienso que no... Estoy liquidao. Luego sí que intentó trabajar en serio ese tema de no jugar. Mantener la mente limpia. No he recurrido a un psicólogo porque ahora mismo no siento que lo necesite, pero me enfoco en los pensamientos positivos. Mi familia lo sabe. Igual termino un partido y llega mi madre y empieza «es que hijo...» y ya le digo «no mamá, no me digas eso; si vas a decir cualquier cosa negativa prefiero que no me digas nada». Está hablado con ellos y ya son muchos años. Y luego, pues veo vídeos de buenos momentos. De principio de temporada, por ejemplo. Estoy aburrido en casa y me pongo el partido de Calahorra y veo cómo meto gol y yo solo me vengo arriba... Cosas así.
—No está al nivel de entonces.
—Hay veces que me veo muy espeso en el campo. Y luego, pues hay cosas como la del día de San Sebastián. Esa oportunidad que tengo. La quiero que controlar y ya en el mismo campo sabía que esa era [de rematar] de primeras. Ahí le estoy dando razones al entrenador para quitarme. Si yo en esa ocasión meto gol, no soy el primer cambio. Aquí no puedo decir que no juego porque me tienen manía; no, no. Eso sería mentirme. No estoy como al principio y eso se ve.
—También es cierto que pese a ser el máximo goleador del equipo apenas ha tenido oportunidades en punta. En esta racha con tan poco gol, ¿no le fastidia que apenas lo empleen ahí?
—Eso que lo diga el míster.
—Ese es el comodín. Pregunto si no siente que podría aportar más jugando en punta.
—Que sí, que sí. Pero es que está Miku, que tiene mucho gol. Y si el míster me ve en banda, pues yo lo respeto y fuera. Luego cualquier futbolista va a pensar «coño, por qué no me dará a mí la oportunidad», pero creo que eso es normal. Ahí tienes a Rafa [De Vicente, que está haciendo otra entrevista unos metros más lejos] jugando menos que antes, y seguro que en esta racha mala se habrá preguntado el motivo por el que no juega. Es natural.