Alberto Quiles: «Las superestrellas lo entienden todo a los 20, otros lo vamos entendiendo a los 27»

TORRE DE MARATHÓN

«Me veo mucho más futbolista de lo que era cuando llegué», asegura el delantero del Deportivo
14 abr 2023 . Actualizado a las 10:10 h.Alberto Quiles (Huelva, 1995) lo tiene claro: «Al que me llame preguntando, le digo que venga con los ojos cerrados. El Dépor te da muchísimo; en serio. Aquí te sientes futbolista. Las instalaciones son espectaculares, vas por la calle y te reconocen, en Riazor hay más de 15.000 cada semana...».
—Y la exigencia acorde.
—Es que con eso hay que lidiar. Las situaciones a veces pesan, claro. Recuerdo cuando le ganamos al Talavera en casa y tuvimos algo de problema con los ultras, y no lo entendíamos, porque estábamos sacando los resultados. De repente se genera una bola que va creciendo. Que si no estás jugando bien, que si falta esto o aquello. Hasta el jugador se la cree, porque está por todas partes. Lo lees en la prensa, en las redes... Eso de que ganas, pero no convences. A ver, que no somos el Barcelona de Guardiola, pero hacemos muchas cosas bien. Y ahí entra el trabajo de vestuario: en distinguir la realidad y transmitirnos confianza. Llega un momento en que, cuanto más te aísles, menos leas, mejor. Y, si te gusta estar informado, debes ser capaz de no dejarte influir, que lo de fuera no te pese.
—¿Falta consciencia del nivel exigible en la tercera categoría?
—A ver cómo lo explico. En mi opinión, hay gente que ha vivido unos tiempos muy buenos aquí y a veces te mide en función de ellos. Pero las nuevas generaciones de aficionados, por desgracia, no han pasado por aquello. Si has visto a Bebeto, a Tristán... Lo dijo una vez Borja Jiménez: «El club será de Primera División, pero los que jugamos aquí ahora somos de Primera Federación». Y, quitando Lucas, eso sigue siendo así. No tenemos la calidad que tuvieron muchos de los que pasaron por aquí, aquello fue otro rollo.
—¿Cómo se remedia algo así?
—Es que no sé si eso es malo, la verdad. Al final, tú también te exiges rendir a otro nivel. Y el futbolista que viene ya lo sabe. Es incluso una forma de evitar cualquier tipo de relajación. El entorno demanda otra categoría, pero también valora lo que le das.
—Señala a Lucas. ¿Su llegada le generó algún temor?
—No. Ya desde el principio todo fluyó de forma muy normal. No ha habido ningún cambio en los pesos del vestuario, las jerarquías. Lo había visto jugar, pero no sabía qué persona me iba a encontrar. Y, mira, ahora nos llevamos de lujo, me río un montón con él y me gusta mucho cuando se enfada, porque parece un niño pequeño. La relación es genial.
—Empezó cediéndole aquel penalti contra Unionistas. Una declaración de intenciones.
—En esa situación sí que tuve la duda, lo reconozco. En la temporada anterior yo había empezado a tirar penaltis y, cuando llegó Lucas, no tenía claro qué iba a pasar. Si me lo iba a dejar. Y, si lo hubiera querido tirar él, no le habría dicho nada, ni siquiera tenía confianza suficiente para hablarlo. Cuando me lo dejó, demostró muchas cosas.
—El otro día dijo que lo de no ganar fuera es un asunto mental.
—No tengo ninguna duda. En Riazor salimos al campo pensando siempre: «Hoy ganamos». Da un poco igual lo que pase. Ahí está lo del Fuenlabrada, que se nos puso dos veces por delante y yo tenía claro que remontábamos. Si ese partido hubiera sido en su campo, se nos habría hecho mucho más cuesta arriba. Y eso es algo de cabeza, nada más. Si conseguimos ganarle al Racing, nos lo vamos a quitar de encima. Qué mejor que logarlo en este tipo de partido.
—Al Fuenla le hizo dos goles de delantero centro. No lleva muchos así este curso. ¿Los necesitaba?
—Me hacía falta, sí. Esta temporada aún no había conseguido ese tipo de goles, que sí hice en la pasada, llegando al segundo palo. Además, fueron a pase de Lucas, y es por algo que él sabe de sobra: si cae a banda, la tiene que poner al segundo, porque yo siempre llego. Se lo dije en el descanso y ojalá en Ferrol lo tenga en cuenta y se repita.
—¿Le sigue dando muchas vueltas cuando pasa tiempo sin marcar?
—Al principio encadené seis o siete partidos sin gol y me costó. Luego he ido un poco a rachas y me han ayudado los penaltis. Pero, si te fijas, hay algo curioso: a estas alturas, hace un año, había marcado catorce sin dar ni una sola asistencia. Ahora he hecho trece y he dado cinco asistencias. Y creo que hay una sensación de que lo estoy haciendo peor. Yo lo miro, y me digo: «Joder, no lo entiendo. Antes parecía Maradona y, ahora, parece que no hago nada». Para que veas cómo es a veces esto. Porque yo estoy muy contento con lo que estoy haciendo, me noto bien con balón, y aún quedan siete partidos para hacer más goles.
—¿Y sin balón? Ahí quizá esté su gran mejoría desde que llegó.
—Sin duda. Es que me veo mucho más futbolista de lo que era. El regate, el pase, el gol... Lo tuve siempre. Pero, luego, sin balón me costaba. Y ahora... Hombre, no soy Cannavaro, pero defiendo mucho mejor. Y entiendo más el juego. Vamos, que ahora soy mucho más futbolista, eso seguro.
—¿Cómo lo explica?
—Supongo que ha sido al ir jugando, cogiendo experiencia... Yo veía a Álex Bergantiños y me decía: «El cabrón este siempre está bien colocado». Eso te lo da el tiempo. Las superestrellas lo entienden todo a los 20 y otros lo vamos entendiendo a los 27.
«Tengo muchas ganas de quedarme en el Dépor»
«Óscar [Cano] cogió al equipo anímicamente mal, un poco hundido. Y él, pues con charlas motivadoras, con un tipo de entrenamiento, con cosas que fue cambiando... Nos levantó. Eso tiene mucho mérito y creo que habría que agradecérselo. Y ahí estamos, a cuatro puntos del primero». Quiles se suma a las voces de respaldo al míster.
—En León, sus declaraciones sobre el cambio parecían esconder una crítica. ¿Se arrepiente?
—Es que lo que pasa... Joder, yo creo que lo expliqué bien, pero no llegó como quería. Me preguntan y digo que el cambio me sorprendió, nada más. Ni que estuviera en desacuerdo ni nada. Enseguida digo también que no se puede ser egoísta y que, si no, le habría tocado a un compañero. Pensé que no me iba a quitar y me quitó, y ya. Si te quedas con la frase, el titular, lo de «me sorprende el cambio», parece que estoy rajando de Óscar. Leí hasta que le hacía la cama y que el vestuario estaba roto... Y para nada, claro.
—Entonces, ¿el vestuario no está roto?
—Uf... Al contrario. He tenido mucha suerte con el vestuario. El de la temporada pasada y el de este. De aquí me llevo amigos para toda la vida. Es de locos lo bien que nos llevamos. En un vestuario roto, con la racha que llevamos fuera... Ya le habría prendido fuego.
—Cuando dice que esos amigos se los lleva... ¿Es porque se va?
—[Risas] Qué va, qué va. ¡Que a lo mejor se van ellos! Yo tengo muchas ganas de quedarme en el Dépor.
—Entiendo que no hay novedad sobre su posible renovación.
—Ni hay novedades ni las va a haber hasta que acabe la temporada. Pero, ojo, yo nunca he dicho que me vaya a ir si no hay ascenso, eh. No me he puesto en ese contexto ni quiero ponerme.