El Consello Rector busca una solución alternativa para paliar las deficiencias más graves y evitar el cierre de A Madroa El Consello Rector de Vigozoo intenta por todos los medios buscar una solución al lamentable estado del zoológico de A Madroa, tras recibir el Concello una respuesta negativa a la petición de colaboración efectuada a la Consellería de Cultura y Turismo. Tras desentenderse la Xunta, solo queda esperar la respuesta de la Diputación para hacer frente a las inversiones más urgentes. Amador Fernández dice que las prioridades son hacer una nueva jaula para los monos y cerrar adecuadamente el recinto, pero una visita al parque de A Madroa pone de manifiesto que las carencias son muchas más y que, a día de hoy, el zoológico de Vigo sigue siendo una sala de tortura para muchos animales e incluso un peligro para los visitantes.
01 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El BNG quiere hacer del zoológico un gran parque gallego de ciencias naturales. La idea es loable pero la realidad es que nadie aporta el dinero imprescindible. Las arcas municipales no dan más de sí y no sólo no hay presupuesto para inversiones, sinó que se reduce la partida para mantenimiento. Uno de los problemas es la falta total de vigilancia, que posibilitó hace meses un ataque sanguinario de perros adiestrados. Frente a la puerta del zoológico, en un cartel roto que explicaba el trazado del sendero panorámico de Vigo, se puede leer una pintada que dice «la villa de Bouzas estuvo aquí jodiendo monos». El concejal reconoce que hasta que se comenzó a cobrar entrada eran frecuentes las visitas de desalmados que se divertían maltratando a los animales. En A Madroa cualquiera puede maltratar un animal sin ser visto o incluso llevárselo por alguna de las vallas rotas. La ausencia de vigilancia y seguridad quedó de manifiesto hace tres meses con la matanza protagonizada por varios perros; o hace años, cuando el famoso Mono Paco murió tras ingerir comida con alfileres, o el pingüino fue robado y posteriormente apareció muerto. Alberto Blanco, miembro de la Plataforma Ecoloxista Polos Dereitos dos Animais, nos acompañó en una visita al zoológico para hablarnos de las deficiencias, la mayor parte de las cuales saltan a la vista sin ser un experto en fauna. Los monos, recluídos en jaulas minúsculas, viejas y oxidadas, pueden morder a los visitantes (un mero tronco separa las jaulas del paseo) o ser agredidos por desaprensivos desde el exterior (si alguien les agarra un brazo y tira entre los barrotes, no pueden defenderse). Al lado están los nuevos fosos de osos, tigres y leones. Además de no cumplir la normativa que obliga a decorarlos con motivos selváticos, el descuido del interior es patente a simple vista, sin hierba y con piedras y cascotes. Una osa _como ocurre con otras bestias_ ha enloquecido por sus largos años de cautiverio en la su anterior jaula, de 25 metros cuadrados, en las que ahora languidecen dos linces. Alberto Blanco recuerda que hay recreaciones de los hábitats y que, aunque el zoo de Vigo es el de mayor tasa de natalidad de España, no hay existe un programa de cría en cautividad ni se separa a las crías del contacto con los humanos para posibilitar su reintroducción en su hábitat natural.