CRÍTICA
10 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.no defraudó. Una espectadora comentaba en la cola de las taquillas: «Tengo un amigo que ya la ha visto tres veces en Madrid». Una buena tarjeta de presentación para esta adaptación de la obra de teatro de Mark Twain que fue representada en el centro cultural Caixanova por una compañía argentina. Cabe destacar el papel de Miguel Ángel Solá, en su faceta del joven y anciano locutor Dalmacio. Quedará en la memoria por sus ingeniosos diálogos, su horrible peluquín y el tic nervioso en la pierna que le acompaña en la vejez. Éste rememora en un kilométrico monólogo, sólo interrumpido por el «Ajá» de la joven entrevistadora, que una funeraria porteña le regaló la peluca para ocultar su calvicie en las pruebas de Radio Cultural de Buenos Aires. Su compañera de reparto, Blanca Oteyza, logra divertir al público con el papel de Eloisa, la querida locutora de Radio Cultural que interpreta a la Eva parlanchina y chillona que se exhaspera ante el simiesco Adán. La superficial mujer alega ante Dios que ella entendió a la serpiente que la fruta prohibida era una castaña y no una manzana. El autor teatral, con un cuidado lenguaje, engancha al público y le administra pequeñas pistas sobre un posible amor entre Dalmacio-Adán y Eloisa-Eva. «¿Hubo un romance entre ustedes?», pregunta la joven entrevistadora, enternecida por el relato del anciano. El viejo Dalmacio, eterno solterón, elude responder a quien, por la edad, bien podría ser su hija. Pero aporta una pista: «La quise dentro del Edén y la perdí al salir fuera». Bonita reflexión sobre los amores sobre los que «nunca se sabrá la verdad». El diario de Adán y Eva demuestra que esta obra de teatro puede divertir y a la vez hacer recapacitar sobre la vida.