«Expuse contra la violencia en homenaje a mi hermano que fue acribillado a balazos»

Xulio Vázquez

VIGO

15 may 2008 . Actualizado a las 12:44 h.

En un país dominado por las corrientes de la sangre y de la violencia, de la desigualdad y del colinaje, y frente a la bestialidad que exhiben grandes masas humanas movilizadas con el objeto común de la retaliación y del atropello, los lienzos de Rodríguez nos hace cuestionarnos sobre la inteligencia y el raciocinio, como ya lo habíamos hecho hace algunos años, frente a las series similares de Darío Ortiz Robledo y de Fernando Botero. Así hablaba Jaime Zárate Valer (un consagrado pintor colombiano fallecido el pasado año) sobre una nueva generación de pintores de su país, encabezada por Iván Javier Rodríguez García (39 años). Natural de Bucaramanga (Santander, en Colombia), lleva dos años afincando en Vigo y, por el momento, sobrevive de sus trabajos esporádicos en la hostelería y en el Puerto. Una promesa de la pintura actual colombiana que aún no ha tenido la oportunidad de mostrarnos todo su arte. -¿Cuándo empezó a pintar? -Desde que vi los primeros dibujos que un niño traía a la escuela donde yo también estudiaba. Con el tiempo, hice un curso de dibujo y pintura en un centro estatal de Colombia, donde aprendí lo básico: un pincel, la lona, un bastidor... Y ya me puse a pintar. En mi etapa escolar hacía carteleras de los alumnos, es decir retratos. También hice cómics. -¿Los primeros cuadros que le pidieron? -Fue durante el servicio militar y los hice porque me los pedían los mandos de mi batallón. Recuerdo que hasta plasmé en un retrato al general Bonett en el año 1996, con una espada en la mano y en formación. -¿Nunca entró en combate contra las FARC? -No quise ir, preferí quedarme en otras misiones. A partir de esa etapa, comencé a vivir de la pintura en mi país durante un período de 18 años y así fue como conseguí sacar adelante a los tres hijos que tengo. -¿A quién le vendía? -A los conocidos y a galerías. Luego, me trasladé a Bogotá, donde monté mi estudio y seguí vendiendo, sobre todo a empresarios. Tuve contacto con algunos artistas que venían de Europa y me animaron a que viajase y viese los grandes museos europeos. Resulta que mi esposa también se animó e incluso vino antes que yo. -¿Cuándo decidió reunirse con su esposa? -Ocho meses más tarde, cuando me surgió la oportunidad de hacerle unos retratos al embajador y al cónsul de Portugal en Colombia. Tuve la suerte de que les gustó el trabajo y me facilitaron un visado para poder salir de mi país. A través de Portugal fue como llegué a Vigo para reunirme con mi familia. -¿Realizó muchas exposiciones? -Bastantes. Hice una en Colombia contra la violencia en homenaje a mi hermano que fue acribillado a balazos por la policía porque era drogadicto. Allá las llaman limpiezas sociales y los eliminan.