Los logros de la Fundación Provigo y las críticas del colectivo vecinal llevan a Caballero a considerarlos como grupos a dominar
20 may 2008 . Actualizado a las 11:51 h.Una de las cuestiones que con mayor claridad trazan el estilo político del alcalde de Vigo, Abel Caballero, es la de medir los riesgos, estudiar todas las posibles variantes de futuro y tratar de controlar la acción de los agentes sociales, tanto de los que puedan sumar como restar en su proyecto de ciudad.
Conocido es su enfrentamiento con el movimiento vecinal, al que considera uno de los poderes fácticos que más ha enquistado el avance de las infraestructuras y proyectos en esta ciudad. A esa tensión no son pocos los que atribuyen el cierre del local vecinal de la calle Ecuador y otros recortes y desplantes. Y quizás, escamados por la experiencia, el movimiento vecinal está persuadido de que desde la alcaldía se está tratando de dividirlos, de hacerlos más débiles y con ello borrar su huella de un Ayuntamiento que fue pionero en la regulación de la participación vecinal en la política municipal. Cabral se apunta como la posible punta de lanza de esa reconquista del colectivo vecinal hacia posturas más acordes con las del Gobierno local. Incluso la negociación y arreglo de un largo conflicto sobre las propiedades que circundan el aeropuerto de Peinador se ha puesto encima de la mesa como muestra de buena voluntad y ganas de entablar una buena amistad institucional. Los vecinales dicen que esperan cualquier estrategia, pero advierten que su papel es el de ser incómodos al poder, porque suman en sus órganos las inquietudes de todos los barrios y parroquias.
A por la Fundación Provigo
Pero como no hay uno sin dos, ni tres, la estrategia de ir desplazando la Línea Maginot municipal no se para solo en el movimiento vecinal. La Fundación Provigo es otro de los objetivos que Caballero entiende que debe estar bajo su tutela, aunque el patronato fundacional fuese creado con el ánimo plural que le otorga la representación fundacional del Concello, Cámara de Comercio, Caixanova, Universidad, Confederación de Empresarios, Diputación y Zona Franca, y al que se han ido sumando otros iconos como Citroën o el Puerto.
Patronos de dicha fundación, dedicada a promocionar y estudiar las necesidades de Vigo desde distintos ámbitos, reconocen estar sufriendo desde hace semanas las presiones personales del alcalde para cambiar la dirección de Provigo. Al menos en dos ocasiones ha tratado de convocar una reunión del patronato para votar el cese de su director-gerente, Rubén López. Y todos dan por hecho que habrá una tercera oportunidad.
La consecución de vuelos que para Peinador está haciendo la Fundación Provigo ha estrechado los lazos entre dicha institución y el concejal responsable de Turismo, Santiago Domínguez, y Caballero es consciente de que esa carta, la del crecimiento aéreo del aeropuerto vigués, no es un as del que se pueda desprender así como así, cediéndolo a su socio de gobierno y sin embargo adversario político, el BNG.
Los patronos de más peso de la Fundación aguantan la insistencia de petición de cambio que hace el regidor, pero quienes conocen el tema auguran que será por poco tiempo más. Las guerras intestinas en política a quien acaba por perjudicar es a la ciudad donde se producen, porque no las hacen avanzar. En todo caso, que el responsable del Ifevi, Arsenio Prieto, tome nota, porque dicen que al ver las barbas de Rubén López a punto de cortar, debería ir poniendo las suyas a remojar.
Más fichajes
Progresar en cambio, si que lo hace el grupo de asesores del Concello, donde se ultiman dos fichajes. El de la ex concejala Mariló Cabaleiro está por fin a punto de caramelo. Su misión será la de apoyar en Participación Ciudadana a Santos Héctor, quizás para reforzar así la contraofensiva vecinal. Y otra incorporación se prepara en el área de urbanismo. El desarrollo del Plan General da para mucho y cuantas más y expertas manos haya mejor. Así, que no será por asesores.