Los comerciantes se indignan con el corte de tráfico que afecta a partir de hoy a todo el centro

Luis Carlos Llera / M.J. Fuente

VIGO

Algunas personas alaban la «valentía» de Caballero por acometer unas obras que «quedarán bien»

14 may 2009 . Actualizado a las 11:20 h.

La indignación es el sentimiento más frecuente entre los comerciantes del centro de la ciudad ante el inicio del corte de tráfico que se prolongará durante los próximos cuatro meses.

La Porta do Sol es el kilómetro cero de Vigo. De ella parten las arterias por las que no van a poder circular ni turismos ni vehículos de reparto a partir de hoy. Es, además, la zona financiera de la ciudad y de donde parte la calle del Príncipe, la principal vía comercial. El corazón de Vigo acusa la decadencia de la crisis. Un botón de muestra, la ilusión de Cristóbal Vidal por abrir una tienda de diseño junto a la Porta do Sol duró pocos meses. Sus atrevidas faldas para chico y otros trajes llamativos no tuvieron la suficiente respuesta del público.

En otros locales se han ensayado negocios con regular éxito, desde locutorios a tiendas de tatuaje o de camisetas y bisutería. En su día muchos aprovecharon las ayudas que se daban para establecerse en el centro de la ciudad. Ahora no pueden afrontar los alquileres altos y han cambiado de ubicación.

En este contexto de malos tiempos para las ventas, el Ayuntamiento ha puesto toda la carne en el asador para acabar las obras del Plan E de Zapatero antes de fin de año. Al centro le está afectando cuando la ciudad está más llena de turistas y paseantes.

Los aparcamientos alternativos negociados por el Concello con los párkings subterráneos cercanos no dan solución al problema de la logística. Muchos negocios necesitan recibir todos los días mercancía. «Estoy harto de dar vueltas» comentaba con su portacajas un repartidos de una distribuidora de bebidas camino de uno de los muchos establecimientos de hostelería a los que suministra bebidas.

Algunos comercios se verán obligados a desplazarse a las centrales de las compañías de transporte que les sirven habitualmente. «Me han llamado de DHL diciéndome que no pueden traer el pedido y que vaya yo a buscarlo», decía Santiago Varela Vidal, uno de los comerciantes afectados.

«Lo de las obras es tremendo», comentaba un sorprendido turista del País vasco.

Aunque no todo el mundo despotrica. «Caballero ha tenido valor y al final esto va a quedar bien», aseguraba un repartidor.

A pocos metros de él la excavadora Tankaeuchi extiende su largo brazo mientras los vecinos cruzan los dedos para que no se produzca un nuevo reventón de la tubería del gas o de la del agua, incidentes que están a la orden del día en la ciudad.