La primera jornada del festival de cortos se volcó en los vecinos y sus recuerdos sobre la carretera nacional, antes de que la parroquia fuera una salida de la A-52
21 may 2009 . Actualizado a las 11:21 h.Festa rachada para abrir apetito. Cans se despierta ya con resaca musical mientras los chimpines se ponen a punto. Desde hoy, por y para todos, pero ayer; los vecinos tomaron la palabra. De su mano surgieron los recuerdos de la arteria al mundo, la vieja N-120. Aquella época de ferias en Ponteareas, lecheras y burras. Cuando todavía no se había convertido en la salida Cans 303, la puerta de la autovía Rías Baixas a la parroquia, un lujo que en el resto de municipios de la provincia se salda solo con letreros del nombre del concello. Los años de los bares a pie de carretera, el cajón de jurelos que cayó de un camión y abasteció una familia por un mes y otros muchos pedazos de las familias porriñesas pudieron disfrutarse en el documental de Juanma Lodo A estrada de Cans . Seis días de trabajo y y otros dos de montaje para revalidar el compromiso del año pasado con Alfonso Pato, cuando el trabajo proyectado se centró en el túnel hasta Mondariz Balneario. «Con el del tranvía hubo mucha gente interesada en tenerlo, así que este año he hecho copias para venderlas a los vecinos», recuerda el diseñador, junto a Silvia Lorenzo, del producto que ayer pudo disfrutarse en el bajo del bar de Moncho. Los quince minutos de recuerdos pusieron también en la mente de todos el accidente ocurrido en el 1955 en la zona en el que murieron quemadas 31 personas. Ese trágico suceso fue también el eje de la actuación del artista Pancho Álvarez, músico folk de larga trayectoria, que recuperó para la ocasión un cantar de ciego sobre aquella jornada. Acompañado de su violín e inspirado en las lecciones de Florencio, el último violinista sin visión de Galicia que vivió en A Fonsagrada, el artista desgranó estrofa a estrofa los sentimientos que navegaron por Cans a mediados del XX. La sesión también sirvió para presentar su tercer y último trabajo, Sólidos Galicianos . «Para esta ocasión quixen experimentar coa zanfoña e a viola de gamba, unha mistura entre o chelo e a guitarra. Está no mercado dende fai un par de semanas pero aínda non o presentara e ningún sitio me parece millor que o festival de curtas de Cans», recuerda este porriñés. Para regresar más al pasado, como en las sesiones de los ciegos se contó también con un apoyo visual, las imágenes y dibujos del diseñador Juancho Castaño. El resto de la noche, ya se sabe, festa rachada.