El techo de Vigo es el monte Galiñeiro, con su formidable cima de 711 metros. Al lector poco avisado esto le parecerá poco. Pero hay muchos países en el mundo que no tienen un monte tan alto. Valga como ejemplo Uruguay, que tiene su cumbre en el cerro Catedral, de 514 metros, o nuestra vecina Bélgica, donde el Signal de Botrange apenas alcanza los 694.
El monte Galiñeiro no es poca cosa. Pero hay quien no le muestra el debido respeto. Así ocurre con la Xunta de Galicia, que acaba de aprobar la instalación de un parque eólico en esta sierra, una maravilla natural que comparten los ayuntamientos de Vigo y Gondomar.
Para protestar por este plan, mañana domingo se celebrará, a partir de las 10.30 horas, una caminata por la pista forestal que circunda el monte. Convocan la marcha una veintena de asociaciones de Vigo, del Val Miñor, del Condado, del Baixo Miño y, en definitiva, del vasto reino medieval que fue la Turonia. Acudir es una sana elección. Serán poco más de dos horas de marcha y confiemos en que sea benigno el dios de la meteorología, que para los antiguos griegos era Eolo, y no Pelete, como creen algunos mal informados.
Un parque eólico en O Galiñeiro sería un crimen. Llevamos muchos siglos domeñando la naturaleza para construir una gran área urbana e industrial en torno a Vigo, que se extiende también hoy en polígonos fabriles que ya han colonizado As Gándaras, el faro de Budiño, el río Miñor, junto a los valles y sierras de toda nuestra comarca. Sería un grave error no respetar, al menos, los pequeños oasis naturales que aún subsisten en nuestro territorio.
Además, existen para el Galiñeiro planes muy esperanzadores. El principal es el de unir esta sierra al Parque Natural do Monte Aloia, en Tui. Se entiende muy poco que, mientras se estudia extender esta figura de protección, se permita la construcción de parques eólicos que no sólo afearán el entorno, sino que provocarán un grave perjuicio medioambiental durante su construcción.
Galicia presume do «Carallo de Europa», la chimenea de As Pontes, la más alta del continente. Cuenta con dos grandes centrales térmicas más. Y no necesita recordarse el abuso de los ríos, con una brutal política de embalses. La energía eólica se ha unido a la fiesta, pero no es aceptable que pueda instalarse en todas partes.
Confiemos en que reflexionen nuestros políticos, si sus compromisos con las empresas eléctricas y, por tanto, con los bancos, se lo permiten. Caminemos mañana en defensa de esa joya de la naturaleza, la geología y la arqueología que es el Galiñeiro, la cumbre de los vigueses.
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