M Shed, una identidad

La Voz

VIGO

02 sep 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Bristol fue la segunda ciudad de Inglaterra hasta que la minería y las industrias textil y del acero dispararon a las urbes del Norte: Manchester, Liverpool, Birmingham, Newcastle, Leeds? eclipsaron al otrora populoso puerto que se asoma al mar de Gales. Sin embargo, Bristol es aún un conglomerado urbano de cerca de un millón de habitantes, que ha podido reconvertirse desde su pasado esplendor industrial.

Paseando ayer por su puerto, me acerqué hasta el M Shed, el nuevo museo de la ciudad, en el que han invertido 23 millones de libras esterlinas. Se trata de unos antiguos almacenes de mercancías, con cuatro altas grúas enfrente. Su aspecto exterior apenas se ha tocado. Desde fuera, parece ser lo que fue: Un gran tinglado portuario. Por dentro, es un magnífico contenedor cultural, donde se muestra la historia de Bristol y sus hitos pasados y recientes, desde el comercio con la América colonial al éxito de su industria audiovisual y musical, con el Bristol Sound que representaron artistas como Tricky o Massive Attack. Incluso hay una sala dedicada al graffiti, del que presumen, con la ya internacional figura de Banksy como emblema.

Da gusto ver ciudades así: Sin complejos.

Y Vigo debe mirarse en el espejo de ellas. Si Bristol fue marcadamente industrial y portuaria, presume de ello. Y no tiene vergüenza en crear un museo dedicado a sí misma, por cierto abarrotado de turistas y de aborígenes. Esto, que cuatro cazurros aún llaman «localismo», no es sino identidad, algo que todas las ciudades necesitan para su supervivencia, tanto como las aceras, la luz en las farolas y el agua en los grifos.

En el M Shed, las grúas portuarias se exhiben como monumentos. Altas y elegantes, son más hermosas que muchas esculturas contemporáneas. Y se ha conservado la vía férrea de los muelles, como la que hoy pervive en As Avenidas. Con la diferencia de que aquí, los fines de semana, circula un tren de vapor atestado de visitantes que recorren el puerto.

Cuando el colectivo Outro Vigo é posible organizó en marzo el ciclo de debates Vigo no diván, una de las conclusiones aceptadas fue que la ciudad tiene una identidad fabril que defender.

El edificio de la Panificadora es buen ejemplo de ello. Como también las antiguas naves de salazón y conserva de Teis o Bouzas. O la fábrica de Alfageme, en Tomás Alonso, el Versalles industrial vigués.

El M Shed, la Tate Modern o la siniestra fábrica de Zyclon B en Frankfurt son ejemplos de industrias reconvertidas en espacios públicos. Con gran éxito, además. Aquí, por el contrario, apostamos por adefesios como la Casa de las Palabras, aberración sin continente ni contenido ni sentido. Afortunadamente, no va nadie, lo que habla bien de nuestra salud mental colectiva. ¡Y sigue sin haber un museo de Rande!

Uno siente envidia cuando sale y ve todo lo que Vigo se pierde. Urge defender una identidad y sacudirse esos complejos típicos de tontito de la Alameda.

eduardorolland@hotmail.com