Lento y previsible, volvió a aferrarse a la calidad individual para reaccionar
21 nov 2011 . Actualizado a las 17:08 h.Cinco derrotas cuando se cumple el primer tercio de competición no son un balance precisamente esperanzador para un equipo que pretende el ascenso. En el terreno de un clásico de Segunda, el Dépor ofreció las dos caras que ha mostrado a lo largo de toda la temporada. La primera, la peor, la de un conjunto frágil (contemplativo) en defensa, plano en el medio del campo y poco intenso de medio campo hacia arriba. Por esa vía encajó un par de goles en apenas 20 minutos, tras una indecisión de Aythami y a la salida de un córner después de que Bergantiños pecara de ingenuo ante un Acciari que en el primer palo es tan reconocible como Colotto en el segundo. La segunda cara, esa que recurre a la calidad individual (Bruno, Juan Domínguez, Guardado?), insuficiente para alcanzar el nivel de grupo necesario para ser un conjunto consistente y organizado.
Lento y sin respuesta
Con poco, muy poco, el Elche creyó tener resuelto el partido. Lento y sin respuesta, el Dépor perdió hasta el descanso la batalla de Segunda, esa del pelotazo y la intensidad, donde los ilicitanos se mueven desde hace años. Solo en alguna arrancada de Guardado o en los saques de esquina puso en apuros a un rival que estuvo cerca de marcar el tercero. Juan Domínguez se ganó en el derbi un lugar en el once, pero hasta la segunda parte, más cerca del área rival, no encontró su sitio, y Salomão volvió a desaparecer en el agujero negro en el que cayó después de la lesión que no existió.
Xumetra y el cambio de Colotto
Oltra lo debió de ver tan claro que con 2-1 y más de media hora por delante prescindió de un defensa (Colotto) para hacerle un hueco a Valerón. A impulsos del primer tanto, Lassad aprovechó un rechace del portero rival a disparo de Guardado para empatar el encuentro. La buena noticia, el empate; lo preocupante, el Dépor perdió la apariencia de organización. Y Xumetra lo agradeció. El catalán, que no juega andando, aprovechó un robo de balón en el centro del campo para encarar a todo el que se le puso por delante y volver a dejar en evidencia a todo el entramado defensivo blanquiazul. La cabeza de Colotto no estaba para el arreón final y Aythami vio la quinta tarjeta.
Bruno Gama, el agitador
Con Bruno Gama, el Dépor recuperó el veneno, la profundidad, la intensidad y la pegada. Cinco minutos fueron suficientes para que el Elche se tambaleara. El primer gol es una ejemplar muestra de lo que se espera del Dépor: un pase vertical de Bergantiños, la calidad y la pausa de Juan Domínguez al borde del área y el remate de Guardado. Un simple cambio de cromos (Bruno por Saúl) y una posición más adelantada de Juan Domínguez variaron la dinámica. El Elche solo se recompuso tras el 2-2. Xumetra sacó petróleo de un desorden, el visitante, que se transformó en ansiedad desenfrenada en busca de un tercer gol lejos de Riazor para conquistar un empate.
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