Las críticas sobre la gestión de las pesquerías por el sector y por el Gobierno español son rechazables porque faltan a la verdad y son manifiestamente inexactas. Su primera afirmación, que cito textualmente «tres cuartas partes de los stocks pesqueros mundiales están totalmente explotados, sobreexplotados o agotados», da a entender que esa cifra se corresponde con los recursos en mal estado. Esto supone una distorsión de la realidad en la práctica, ya que según el informe Sofia 2010, elaborado por la FAO, los recursos que se encuentran sobreexplotados son el 32%, cifra nada despreciable y que debemos tratar de rebajar con urgencia, pero muy lejos del 75% que señala su informe.
Respecto a las capturas, España está muy lejos de otros países. A nivel mundial ocupamos el puesto 22 con un 0,9% de las capturas mundiales, estando muy lejos de China (16,1%), Perú (8%), Indonesia (5,4%) o EE. UU. (4,7%). La mayoría de estos países no cuentan con legislación tan clara contra la pesca ilegal, como es el caso de la UE, y sus controles y estadísticas distan mucho del rigor y la transparencia que caracteriza a nuestra reglamentación europea.
Por lo que respecta a la cuantía de las ayudas que recibe el sector español, la reglamentación establecida por la UE es pública y está al alcance de todos. Dado que la práctica totalidad de nuestros pescadores se sitúan en regiones de convergencia con niveles de renta claramente inferiores a la media y en regiones altamente dependientes de la pesca, tiene la máxima prioridad para la concesión de estas ayudas, razón por la cual España recibe los fondos comunitarios acordes con esta situación.
Con estos datos en la mano, resulta evidente que las ayudas no tienen ningún efecto incentivador de la presión pesquera a nivel comunitario y muchísimo menos a escala mundial. Respecto a las demandas de Greenpeace para que se penalice al Gobierno español por su mala administración y violar la PCP y que reinvierta los subsidios que malversó en pesquerías sostenibles, merecen una rectificación urgente e inmediata por parte de Greenpeace. Son unas acusaciones que no obedecen a la verdad en ningún caso y que desmentimos rotundamente.