La peña del equipo vigués en Madrid, fundada hace solo año y medio en Madrid, exhibió su poder de convocatoria en la Copa
13 ene 2013 . Actualizado a las 07:08 h.E l miércoles había en el Bernabéu 60.000 almas y, por momentos, solo se escuchaba animar al Celta. Medio millar de gallegos, encaramados al último anfiteatro del estadio, no se cansaron nunca de jalear a su equipo. Convocados por Morriña Celeste, la peña céltica en la capital, hubo instantes en que aquello parecía Balaídos.
«Al Bernabéu, como al Nou Camp, va mucho comepipas -explica Fernando Juncal, vicepresidente de la peña-, partidos como el del miércoles se llenan de turistas que ni animan». A la vista de tanto oriental con cámara de fotos, fans de Park Chu Young seguro que no faltaban. A la afluencia de foráneos suma el Madrid el hecho de vivir tiempos de cólera y el público parecía más dispuesto a silbar a su entrenador que a animar a los suyos. Los celtistas pusieron la pasión y se hicieron oír. Al punto de que toda la tribuna madridista celebró en pie el último gol volviéndose hacia el anfiteatro donde estaba la afición celeste. «Hay que entenderlos», afirma Fernando Juncal, «llevaban todo el partido oyéndonos animar y meternos con Mou, y al final estallaron».
Tanto se caldeó el ambiente que la seguridad del Madrid debió temer algún altercado. Porque por megafonía prohibieron a la afición del Celta salir del estadio hasta recibir protección policial. «Allí nos tuvieron más de media hora, algo excesivo, cantamos Apaga o candil porque hasta apagaron las luces... esto no nos lo han hecho ni en Valencia ni en Bilbao ni en el mismo Riazor», comenta Juncal.
Y es que Morriña Celeste hizo el miércoles exhibición de su poder de convocatoria. Fundada hace solo año y medio, la peña es todo un éxito, con casi doscientos socios y un calendario de actividades que para sí quisieran muchas asentadas en Vigo.
Fernando Juncal, vigués de Coruxo, fue uno de los trece fundadores. Ninguno se conocía anteriormente. Se encontraron a través de forodelcelta.com, donde chateaban sobre la actualidad del equipo. Y un día decidieron verse en Madrid y montar algo. «Fue un éxito desde el principio», explica, «quedamos en un bar, montamos una web y enseguida se multiplicaron los socios».
La suerte les acompaña, porque en su primer año de vida Morriña Celeste vio el regreso del Celta a Primera División. Lo celebraron en la fuente de Alonso Martínez, como si fuese la Plaza de América. Allí tenían su primer local y ahora se han pasado a Galicia Importa, un bar con tres plantas en la calle Bravo Murillo.
El miércoles, desde las seis de la tarde no se cabía en el local. Como si fuese O Canizo, el Luar o el Mundial 82, en el entorno de Balaídos. Allí se distribuyeron las 150 entradas adquiridas por la peña, a 25 euros. Algunos se quedaron en el bar a ver el partido. Otros formaron una comitiva que, con banderas y camisetas del Celta, recorrieron el centro rumbo al Bernabéu.
«En los partidos, se nos unen muchos simpatizantes, algunos gente de paso por la ciudad», explica Juncal, que es ingeniero y trabaja en la capital. Su perfil responde al mayoritario: estudiantes y gallegos que residen en Madrid. «Pero también hay madrileños que nunca han pisado Galicia, pero que sienten al Celta como su equipo y son auténticos forofos», apunta.
Pero no solo se quedan en casa. Morriña Celeste es una de las peñas que más se desplazan. El año pasado estuvieron en Tarragona, en el partido que pudo suponer el ascenso. Y este año, además de los cuatro partidos de Madrid, viajarán a Barcelona, Valencia, Bilbao, Valladolid y Riazor. Ven en vivo más partidos del Celta que muchos abonados. Tienen una web muy cuidada y hacen vídeos de todas sus salidas. Y, en las pasadas Navidades, reunieron a casi doscientas personas en su comida anual en el Galicia Importa. «Y tuvimos que dejar fuera a gente, cabíamos», resume.
El miércoles la fiesta no pudo ser completa. «Fue una pena, lo coherente habría sido salir con los mejores, con Oubiña y Aspas, y hacer cambios en posiciones menos importantes», lamenta el vicepresidente. Pero, a la luz de lo visto en el estadio, la armaron. Habrá ocasión de mejores celebraciones. Fernando Juncal se conforma con una: «Que viajemos a Valladolid el penúltimo partido y que ese día se salve el Celta».