En teatro, la cuarta pared es la barrera imaginaria que separa al público de la representación que tiene lugar en la escena. En la vida cotidiana, la cuarta pared es el muro legal que impide a los fumadores encender un cigarrillo en una terraza cubierta. En el ámbito de la hostelería, la ley antitabaco prohíbe fumar en todo espacio que, estando cubierto, esté rodeado por un máximo de tres paredes. Al final, el argumento de esta obra termina acercándose al género surrealista, porque a pesar de ser imaginario para las artes escénicas, no lo es para los legisladores. Así, el atribulado ser humano debe acatar una normativa que se inspira en la existencia de una tapia que no existe. Con la agobiante escalada de la crisis, el gobierno municipal vigués ha abierto la mano para echar un cabo a un sector que sufre una importante recesión el que no solo cuenta la debacle económica, sino precisamente la ley antitabaco, que, según ellos, les resta muchísima clientela.
La mano que el Concello tiende a los bares vigueses tiene carácter de bula temporal y consiste en que se les cobra un precio simbólico por instalar terrazas en la vía pública. Y eso han hecho. Sembrar Vigo de sillas y mesas para que nos sentemos a consumir. Los profesionales que optaron por las terrazas tipo porche, que además resguardan al cliente de la lluvia, son los que lo llevan más crudo respecto a la ley contra el tabaco. Se supone que allí no se puede fumar. Pero los hosteleros, acuciados por la crisis, ya no saben cómo atraer a los clientes y hacen la vista gorda. En realidad, es un asunto que la administración no se ocupa de controlar en serio. Ese control queda en manos de los denunciantes particulares. Y desgraciadamente, gente con vocación de acusica siempre ha habido. Porque si tan mal está la cosa... ¡hombre, mujer, no sea usted chivato/a!
Debe acatar una normativa que se inspira en una tapia que no existe
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